DE TOCAR EN LOS BARES AL PASEO DE LA CONCHA: AYMAR NIETO SE REINVENTA

El músico donostiarra, también conocido como Hokus Pokus y cantante de Rumbling Lips, trata de ganarse la vida como artista callejero. Fotos: Santiago Farizano

 

Hace casi un año, el 15 de diciembre de 2019, nadie hablaba de un virus que iba a cambiar nuestras vidas. Ese día Aymar Nieto, metido en la piel de su alter ego Hocus Pocus, abrió un triple concierto en el ¡Be! Blub al que luego siguieron otros en el Alboka, en el Sua Taberna de Astigarraga… Era una parte importante de su vida profesional hasta que la pandemia se cruzó por delante y la música en directo desapareció de la noche a la mañana. Tocaba donde le llamasen, compaginando así su trabajo en el sector turístico con su carrera como músico. Últimamente ha retomado, esta vez en formato trío y con dos nuevos componentes, su otro proyecto musical, el grupo de rock alternativo Rumbling Lips. Pero solo ensayan. Por el momento, nada de conciertos. “He tocado en todos los bares de por aquí”, resume Aymar mientras mira de reojo sus bártulos (una guitarra acústica, una harmónica y un amplificador) y el sol se va despidiendo de la bahía.

Con los bares cerrados y el turismo de capa caída, a este donostiarra de 33 años no le ha quedado otra que quitarse miedos, sacudirse falsos estigmas y salir a la calle con su guitarra a cuestas. Aprovechando este inusual noviembre soleado, lleva varios días tocando en el Paseo de la Concha. Algunos han sabido de su existencia a través de los stories que los usuarios cuelgan en Instagram. Otros muchos lo están descubriendo directamente, cuando se lo encuentran en pleno paseo. La acogida está siendo “muy buena”. Primero buscó un hueco en el túnel de Ondarreta, luego se pasó al Peine del Viento y ahora parece que se ha instalado a la altura de la plaza Cervantes. “Estoy muy a gusto. El sol me da en la espalda, la gente se puede sentar en los bancos… ¡Es una combinación ganadora!”.

Son las cinco y media pasadas y su repertorio, trufado de versiones de corte britpop (Oasis, Jake Bugg, Kasabian) y rock más o menos independiente, ha durado alrededor de hora y media. “Toco solo lo que me gusta, tengo que sentir y creer lo que estoy cantando”. La harmónica la acaba de incluir por un tema de Xavier Rudd, Follow The Sun, que define informalmente como “hippielongo”.

A juzgar por la cantidad de monedas y billetes que han caído en la funda de la guitarra, el éxito de esta tarde ha sido rotundo. “Gano más dinero aquí que en un bar o en una sala”, reconoce. “Existe un estigma con el artista callejero que es injusto. Si tú lo haces bien y muestras tu arte y te llega algo a cambio es genial. Una señora me dijo el otro día que le había alegrado el día, que era una maravilla escuchar mi música. No sabes cuánto agradezco ese tipo de gestos”.

Salvo “dos o tres veces” en el túnel de Egia, nunca antes había tocado en la calle. “Lo hice más que nada para quitarme la vergüenza y enfrentarme con la gente antes de subirme a un escenario. Ya está. Ese había sido mi único contacto. Fue hace muchos años”. Su regreso a pie de calle le ha pillado en un momento económico delicado, pero asegura que todo ha surgido de una manera accidental, “por pura casualidad”, subraya. “Estaba esperando a una amiga en la calle Ronda de Gros, era de noche, y llevaba la guitarra conmigo. La saqué de la funda y empecé a tocar un poco de country y r&r para hacer tiempo. Lo típico. De repente, vino una señora y me echó dinero. ¡No era mi intención! En un momento tenía cinco euros”.

Después de un Live Forever combinado con el sonido dylanita de la harmónica, llega el turno de Lightining Bolt, la última de la tarde. Se acerca al micrófono. “Una alegre para terminar”, dice. ¿Si hace bueno volverás a tocar aquí? “Sí, claro. Está siendo muy bonito”.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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