PESADILLA EN EL MOJO WORKIN’

Arkaitz Kortabitarte “Punko”, director del festival, rememora cómo fueron aquellos angustiosos días en los que reinó la incertidumbre y, a última hora, todo se fue a pique. Fotos: Santiago Farizano

Hacia las 11 de la mañana del viernes 13 de marzo, la pasada edición del festival Mojo Workin’ estaba sentenciada de muerte. En teoría, esa misma noche la sala Gasteszena acogía los primeros conciertos, pero la amenaza del COVID-19 había desbaratado todos los planes. Ya era oficial. No había Mojo. Y solo quedaba una opción. En cuestión de minutos improvisaron un concierto familiar en la sala Kluba que finalmente han podido ofrecer en streaming a todos aquellos que se habían comprado una entrada. Arkaitz Kortabitarte “Punko”, director del Mojo Workin’, reconoce que lo que convirtió aquellos fatídicos días en una pesadilla fue la incertidumbre. Pese a las secuelas de una edición frustrada, que incluye un agujero de “más de 50.000 euros”, enciende una lucecita y se muestra abierto a la posibilidad de organizar una futura edición en formato reducido. “Nos sentimos en deuda con toda la gente que está apoyando el festival de manera tan generosa”, explica.

Dos meses después, ¿cuál es la situación de la organización del Mojo Workin’?

La situación es la que, supongo, estará viviendo y sintiendo la mayoría de la gente; incertidumbre, desorientación, preocupación, etc. Todo eso añadido al hecho de tener que hacer frente a una deuda muy grande.

El Mojo siempre ha pendido de un hilo. ¿Pero hay una posibilidad, por muy remota que sea, de que el próximo año se celebre el festival

No es cierto que siempre haya pendido de un hilo. Sí es verdad que ha pendido de un hilo en muchas ocasiones, pero ya llevábamos un tiempo (como dos años) en el que la cosa estaba bastante asentada, quitando los típicos problemas de asegurar fechas, que eso también ha sido agotador en más de una ocasión. Eso sí, éramos conscientes de que algún día tenía que acabar debido a las edades de las y los artistas. El desgaste y la incertidumbre que ha provocado todo el tema del virus fueron los que nos llevaron a pensar que si esta salía iba a ser la última edición. Pero ni en nuestras peores pesadillas pensamos que acabaría de esta manera. Ha sido una agonía increíble. Encima para perder el partido en el último minuto y de penalti injusto. De hecho, antes de que empezara todo el runrún del Covid, estábamos seguros de que habría dos ediciones más y probablemente ese sería el cierre, siendo la última edición la de reencuentro con los artistas que dieron los conciertos más recordados en la historia del festival.

Con el nuevo panorama todo esto ya es poco menos que una quimera…

Con este formato el festival está muerto a no ser que llegue algún patrocinador o colaborador que quiera hacerse cargo del total o de gran parte del presupuesto. Desde la asociación de voluntarias y voluntarios no podemos volver a poner en riesgo tanto dinero de nuestros bolsillos. Nadie contaba con que pasaría algo como lo que ha pasado, pero lo cierto es que ha pasado y te encuentras totalmente vendido una vez que ocurre. ¿Resurgirá un “Mojo Workin’ Redux” algún día con una fórmula parecida adaptada a nuestras posibilidades? Probablemente, porque somos culos inquietos y, lo más importante, a toda la gente que está apoyando el festival de manera tan generosa le debemos algo a cambio. El tiempo lo dirá.

La reacción del público ha sido encomiable: muchos ya han comentado por redes sociales que no quieren que les devuelvan el dinero. No es lo habitual.

Siempre hemos dicho que tenemos el mejor público del mundo. Y no lo decíamos por decir, es que estamos completamente seguros de ello. Esto ha sido una pasada, sí, pero no deja de ser la confirmación de lo que ya sabíamos; hay muchísima gente que le tiene un cariño increíble al Mojo Workin’ y a lo que representa. Esa gente es la que ha conseguido animarnos para seguir durante tantos años y, además, cuando ha tocado arrimar el hombro lo han hecho. Esto provoca una sensación muy difícil de describir con palabras, porque con dar las gracias te quedas corto.

Abristeis un crowdfunding con el objetivo de paliar la deuda, que asciende a “más de 50.000” euros. De momento se han recaudado algo más de 5.000 euros. ¿Cuáles son las otras vías de refinanciación que manejáis?

Cualquier compra de nuestro merchandising a través de nuestra web (www.mojoworkinfestival.com) ayuda. El público también se ha volcado con eso. Tenemos algunos ofrecimientos de ayuda, desde Kutxa Kultur, por ejemplo, que nos han ofrecido organizar un concierto para recaudar fondos. Hay varios grupos (algunos de bastante renombre) que ya nos han escrito prestándose voluntarios, pero viendo cómo están las cosas ahora mismo no sé si será posible a corto-medio plazo. También tenemos los conciertos en streaming en Vimeo, que han sido un rotundo éxito. Y luego, por supuesto, estamos pendientes de ayudas y subvenciones varias. Pero esto último, como siempre, va para largo larguísimo.

¿El grifo de vuestros colaboradores y patrocinadores está cerrado? ¿Qué es lo que os han trasladado?

Lo han abierto hasta donde consideran que lo tenían que abrir. Manifiestan su voluntad de ayudar, pero a la hora de la verdad creo que todo el mundo está parecido: sin saber muy bien qué hacer o hacia dónde ir, a verlas venir. Estamos pendientes de un par de subvenciones por concurrencia que si salen favorables, supondrán un enorme alivio. Pero, repito, va para largo.

¿Qué recuerdos tienes del mini-concierto que grabasteis con Chris Clark, Spyder Turner y otros participantes del festival el viernes 13 de marzo?

Sensaciones encontradas. Por un lado, el gran privilegio de estar viviendo algo así en familia. Hay mucha gente que se ha emocionado un montón viendo la grabación resultante, así que no me cabe duda de que mereció la pena ponerse manos a la obra con y no quedarse paralizado. Por otro lado, toda la amargura de saber, menos de dos horas antes, que finalmente no íbamos a poder hacer nada.

¿Exactamente cuándo supiste que no habría Mojo? El Estado de Alarma se decretó el sábado 14 de marzo, que coincidía con el día gordo del Festival.

El viernes sobre las 11 de la mañana aproximadamente (las horas me pueden bailar un poco) se nos comunicó que no se iba a hacer y que no se nos permitía tampoco hacerlo con 1/3 del aforo. En ese preciso momento sí era legal hacerlo así, pero el ayuntamiento tomó la decisión de cerrar todos los centros de la ciudad. Era nuestra última opción. Habíamos pensado de todo: hacer dos o tres pases por día con 1/3 del aforo, intentar devolver la entrada a los 2/3 que se presentaran en la puerta y ya no pudieran entrar, etc. Mil ideas y muy poco tiempo para desarrollarlas en condiciones. Pero al final eso tampoco pudo ser. Después vino la idea de hacerlo en Gazteszena a puerta cerrada y ofrecerlo en directo en streaming a la gente que tuviera entrada. Fue entonces cuando nos comunicaron que tampoco podíamos hacerlo a puerta cerrada porque los centros se cerraban por completo.

Cuenta atrás y locura máxima, supongo.

En menos de 30-45 minutos tuvimos que liar a todos los músicos, incluyendo a las artistas americanas que pensaban que iban a ensayar y se encontraron con todo el pastel. Reclutamos al técnico de sonido para poner toda la sala Kluba en condiciones y grabar todo por pistas. El fotógrafo Niko Iturralde consiguió una cámara para poder grabar la actuación con calidad. Avisamos a todos los amigos que pensamos que iban a poder llegar a Tabakalera en menos de 20 minutos. Fue una locura. Todo el mundo andaba de aquí para allá para poder “rescatar” algo de todo el esfuerzo que se había hecho.

¿Hubo problemas en el regreso de los músicos a sus países de origen? En esos días se empezaron a cerrar fronteras, se dificultó la movilidad, etc.

¿Problemas? Da para un libro y no exagero. El viernes por la noche nos enteramos de que el sábado se iba a declarar el Estado de Alarma, y no nos podíamos arriesgar a que se quedaran aquí, sin poder salir, indefinidamente. Hicimos auténticas piruetas para que pudieran volver a Estados Unidos esa misma madrugada porque todos regresaban a partir del lunes, algunos incluso el martes. Cuando tras 4 o 5 angustiosas horas de llamadas, gestiones, cambios, etc. conseguimos colocar a todo el mundo en algún vuelo, Xabi Señor No (nuestro conductor oficial) estuvo al pie del cañón para llevarlos a todos al aeropuerto de Loiu casi a última hora.

¿Cuándo acabará esta pesadilla?

Quién sabe. Peor parte se ha llevado todo el mundo que ha perdido seres queridos por culpa de esta mierda o toda la gente que curra en primera línea de contención y esto les está suponiendo un gran desgaste emocional que veremos cómo les deja el día de mañana. Lo sé de primera mano, porque varias personas afines al festival son sanitarias y médicas. El dinero es solo dinero y creo que en la cárcel ya no vamos a acabar (aunque no lo digo muy alto, por si acaso). Pero es verdad que lo hemos pasado fatal.

¿Qué ha sido lo peor de todo esto?

Toda la incertidumbre, el no saber si se llegaba o no se llegaba a hacer el festival. Una vez que ya sabes cuál es tu situación, que estás jodidamente arruinado y tienes que recuperar un pastizal, por increíble que parezca, es cuando empiezas a estar mejor. Empiezas a buscar planes alternativos, pones en marcha mil y una ideas para intentar recuperar lo que se pueda, tocas a esta y aquella puerta, etc. Para mí, el no saber qué va a pasar es cien veces peor, porque estás desorientado y realmente no sabes qué hacer con tu vida. Una vez que sabes cuál es tu situación, por muy difícil que sea, puedes empezar a levantarte e intentar paliar los daños.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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