UNA COOPERATIVA MUSICAL ES POSIBLE

Kulturaz sortea la pandemia diseñando una atractiva programación en Azpeitia, entre los que destacan Grises, Amorante, Aitor Etxeberria e Izaro. Un modelo cooperativista “desde el pueblo y para el pueblo” que también funciona en tiempos difíciles

 

Acaban de anunciar en sus redes sociales que las entradas para la doble cita rockera de Cobra y Liher del próximo 17 de octubre se han agotado. A este concierto se le unen otros (Grises, Amorante, Aitor Etxeberria, Izaro) que están agitando la escena musical de este otoño pandémico en Azpeitia -junto a una serie de actividades ligadas al cine y el teatro- con la que completan una programación rica y variada. La cooperativa Kulturaz surgió en 2011 y eran seis trabajadores. Ahora son 24. Se encargan de ordenar y darle forma a un escaparate artístico y cultural que más quisieran otros municipios guipuzcoanos. Y lo hacen además llevando a cabo el espíritu cooperativista, impulsando el trabajo colectivo  a través de “un modelo propio muy horizontal y participativo”.  “El nuestro es un modelo creado desde el pueblo y para el pueblo”, subrayan. En Azpeitia estos años han pasado artistas del calibre de los granadinos Los Evangelistas (la suma de Los Planetas y Lagartija Nick), The Posies, Ilegales o Depedro.

(Cuando se planteó esta entrevista tuvieron que lidiar con un contratiempo importante: se había caído a última hora la actuación de Inmaculate Fools, estrella absoluta de la programación y faro del pop inglés de mediados de los 80.)


¿Qué ha pasado exactamente con el concierto de Inmaculate Fools? 

Preparamos un protocolo que cumpliese todas las normativas de seguridad y sanidad y lo presentamos hace tiempo en el departamento de Juegos y espectáculos del Gobierno Vasco. Hemos trabajado duro para cumplir con toda la normativa y a la vez que fuese viable, pero finalmente no ha podido ser. El pasado viernes recibimos la negativa a nuestra petición. Planteamos diferentes espacios y escenarios pero por varios factores no eran viables. Finalmente optamos por suspender este concierto. Ahora estamos planteando hacerlo de otra manera, pero por ahora no tenemos nada cerrado.

¿Cómo os las habéis ingeniado para sacar adelante un programa cultural tan diverso y atractivo en estos tiempos inciertos?

La verdad es que con mucho trabajo. Hemos tenido que esforzarnos el doble para sacar adelante una situación que de por sí ya era compleja. Hemos ido paso por paso adecuándonos a la situación que semana a semana exigían los protocolos. Además de eso es de remarcar que la estrecha relación que teníamos previamente con muchos artistas ha facilitado llegar a puntos en común donde fuese viable la realización de los eventos.

¿Cuáles son las medidas de seguridad y prevención que estáis adoptando?

Todas las que la emergencia sanitaria requiere; uso obligatorio de mascarillas, distancia social, desinfección de material y espacios… Los espacios en los que trabajamos son bastante amplios y podemos permitirnos un aforo que, aunque reducido, sea considerable. Esto también hace que los eventos sean más viables y seguros.

 ¿Por qué una cooperativa y no otro tipo de estructura empresarial? ¿Cuántos sois?

Aunque empezamos hace diez años con seis trabajadores hoy en día somos veinticuatro. Una cooperativa era la estructura que más se acercaba al modo de gestión de nuestro proyecto, puesto que nos permitía desarrollar un modelo propio muy horizontal y participativo, tanto con los agentes culturales como con los trabajadores que forman la cooperativa. Es el tipo de estructura que elegimos y la seguimos alimentando y cuidando día tras día.

Kulturaz surgió para gestionar tres espacios culturales de Azpeitia junto con el ayuntamiento. ¿Cómo funciona la relación entre las dos entidades? 

Kulturaz surgió primeramente para gestionar Sanagustin kulturgunea y después ha ido ampliándose en infraestructuras. La gestión de dichos espacios es de la cooperativa aunque consensuada con el ayuntamiento. No es fácil explicarlo en cuatro líneas. Desde el año 2006, que es cuando se creó la Kultur Mahaia  -embrión de la cooperativa- hemos desarrollado una nueva manera de hacer cultura planteando una alternativa a aquellas fórmulas que ya estaban obsoletas. Partiendo de la autonomía y la cooperación alimentamos una relación en el que el ayuntamiento pone en manos de la cooperativa parte de los recursos para llevar a cabo un proyecto cultural que recoge las necesidades reales.

¿Quién diseña la programación? ¿Vosotros mismos?
La programación corre a cargo de la cooperativa y esta hace el esfuerzo de configurar una programación diversa y equilibrada, acorde a la demanda de la dinámica cultural y al proyecto acordado con la Kultur Mahaia.

Leo en la web de la cooperativa que Sanagustín no funciona igual que el resto de espacios de Azpeitia...

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de espacios públicos, en el caso de Sanagustin la cooperativa es quien se hace cargo del canon de alquiler así como de los gastos como luz, agua, gas… El nivel de autofinanciamiento es muy elevado. Y es por ello que contamos con un nivel alto de autonomía.

Los beneficios económicos se reinvierten en nuevos proyectos, pero supongo que cada uno de los miembros tenéis un sueldo asignado, ¿no? ¿Cómo se reparte la cuantía?

Kulturaz es una cooperativa social sin ánimo de lucro. Entre los gastos generales se incluyen las nóminas de los trabajadores, claro. Una vez cubiertos los gastos los beneficios se reinvierten en la programación de eventos, proyectos, talleres… Como ejemplo tenemos el ciclo #Arkupehotsak donde tienen cabida muchos grupos de música noveles que cuentan con pocos espacios para actuar, y lo hacemos con unas condiciones técnicas y económicas dignas. Los beneficios se reinvierten en este tipo de iniciativas.

Uno de los leitmotiv de la cooperativa es “desde Azpeitia a Euskal Herria”. ¿Creéis que el modelo es exportable a otras realidades?

El nuestro es un modelo creado desde el pueblo y para el pueblo, pero creemos que no podemos quedarnos ahí. Queremos y debemos llegar a un radio de acción más amplio. Creemos en nuestro modelo y lo hemos diseñado de acuerdo a cómo creíamos que debía funcionar una gestión cultural. No es fácil porque requiere un gran esfuerzo, ¡pero claro que el modelo es exportable!, siempre que cada localidad lo adecue a sus realidad y haga un ejercicio que vaya más allá del copiar y pegar. Se tienen que dar las circunstancias pero eso siempre depende de la voluntad política y de los agentes culturales de la zona. Hasta el día de hoy hemos explicado y compartido nuestro proyecto en más de una treintena de localidades…

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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