IBON ERRAZKIN: “NUNCA HE QUERIDO VIVIR DE LA MÚSICA”

El músico donostiarra, figura clave del indie español de los últimos 30 años, ha traducido el libro “Starlust”, sobre el fenómeno fan. Lo presenta hoy en el festival Dock of the Bay. Fotos: Santiago Farizano 

 

La cita es en el interior del bar Biarritz del paseo de La Concha, un coqueto espacio con vistas al mar que se encuentra a los pies del hotel Niza. El músico y productor donostiarra Ibon Errazkin, una suerte de padrino del indie español desde que a finales de los años 80 formase el grupo Aventuras de Kirlian, ha pedido una taza de café. Después de la entrevista se dará un chapuzón y se ha traído una mochila con ropa de baño. Al parecer, es un plan innegociable cuando visita San Sebastián: bañito en el mar. Errazkin vive desde hace tiempo en el barrio de Lavapiés de Madrid y ha venido a presentar el libro “Starlust” de la editorial Contra, en el marco del festival Dock of the Bay (pizzería Humo, 18 horas).

Es su primera traducción para esta editorial independiente de Barcelona especializada en música, deportes y cine. Ibon Errazkin formó Le Mans en los años 90, tiene un proyecto curiosísimo llamado Single y ha publicado tres discos en solitario, a cada cual más inclasificable. También produjo el regreso por la puerta grande de Carlos Berlanga (“Impermeable”) y ese canto al minimalismo de Nosoträsh llamado “Popemas”. Casi nada.

En el libro “Pequeño Circo. Historia oral del indie en España” de Nando Cruz, Teresa Iturrioz y tú cobráis bastante protagonismo a lo largo de vuestros proyectos musicales. ¿Aquí es donde se inició tu relación con la editorial Contra?

No. Cuando estábamos confinados me vi metido en casa horas y horas, como todo el mundo, y aproveché para hacer algo que llevaba tiempo queriendo hacer: traducir algunos capítulos de libros inéditos en español. Contacté con algunas editoriales que podían estar interesadas en su publicación y uno de ellos era “Starlust”, que lo había leído hace poco. Me pareció un libro curioso y también investigué la figura del autor, Fred Vermorel, un tipo interesante. Javier Sánchez, de La Buena Vida y AMA, se lo comentó a Javi Araña, que llevaba ya un tiempo colaborando en la corrección de textos de Contra, y es el que nos puso en contacto. Ya me conocían por mi faceta musical. La verdad es que es una editorial con la que tarde o temprano habría terminado hablando.

Cuéntame alguna anécdota divertida de “Starlust”. En tu Instagram decías que te lo habías pasado bomba leyéndolo.

Son testimonios, cartas y entrevistas de fans que, básicamente, se obsesionan con una persona famosa hasta grados muy extremos. Es algo que afecta a sus vidas y las invaden por completo. El libro es divertido y trágico, a ratos. Tiene un lado inquietante sobre cómo te puede abducir una personalidad fabricada de un famoso. Muchos fans cuentan fantasías muy elaboradas con sus ídolos, llenos de detalles. Hay una chica que se imagina a Boy George (de Culture Club) sufriendo dolores físicos. Tiene hepatitis y está en un plató de televisión y de repente empieza a sudar. John Peel termina llevándolo a casa y se convierte casi en una visión, más que una fantasía.

Lo que cuentas tiene un punto sadomasoquista…

El libro tiene pasajes de sexo muy explícito. Muchas fantasías son sexuales. Tengo especial cariño por esta chica a la que le gusta imaginar a sus ídolos sufriendo (ríe).

¿Hasta qué punto has sufrido o lo has pasado mal traduciendo?

No sufro. Es un trabajo creativo, lo cual siempre conlleva un grado de preocupación y paranoia. En mi caso es un grado pequeño. No era un texto literario, como si te enfrentas a un texto donde hay una preocupación por el estilo. No era el caso. Así como con la música tiendo a sufrir, con este libro había un punto en el que podía desconectar sin problemas. Ha sido incluso terapéutico.

Cuando empezaste en la música supongo que seguías muy de cerca a todos los grupos de Sarah Records, ¿no? También se ve una clara conexión entre Aventuras de Kirlian/Le Mans con Marine Girls, el grupo de Tracey Thorn antes de Everything But The Girl.

Marine Girls más que Sarah Records. Veníamos de escuchar todo el rollo de C86 (en su origen un casete recopilatorio de la revista NME de aquel año), pero era algo que ya habíamos dejado de escuchar y todavía nos perseguía. Nos preguntaban mucho por grupos de Sarah Records, pero a mí me gustaba mucho The Field Mice y poco más. En los 90 empezamos a descubrir mucha música de todas partes.

¿De la escena escocesa?

No solo me refiero al pop. Había llegado el hip hop, la música negra y toda la escena de baile. También escuchamos música más antigua, de todas partes, brasileña, francesa… Si te tuviera que decir grupos o discos de aquella época y que aguantan bien el paso del tiempo uno sería “Isn´t Anything” de My Bloody Valentine.

Justo ahora son noticia porque han reeditado sus discos. ¿Y al “Screamadelica” de Primal Scream no lo salvas?

A Primal Scream los escuchaba mucho al principio, antes incluso de que sacaran el primer disco. Nos encantaban. Pero justo lo comentaba hace poco con un amigo. No sé si el “Screamadelica” está envejeciendo muy bien. Hay más cosas buenas por ahí, entre finales de los 80 y primeros 90, pero a ti también te habrá pasado: cuando eres joven hay cosas que te fascinan y luego las vas dejando atrás. Nosotros empezamos siendo bastante jóvenes y todo eso se notaba en la música que hacíamos.

“Bonna Nochy”, una canción de tu último disco en solitario, Foto Aérea, tiene millón y medio de reproducciones. ¡Qué ha pasado ahí!

¿Ya tiene millón y medio? Qué maravilla. El otro día me decía, tengo que mirar cuántas escuchas lleva… Tiene una explicación. Spotify la incluyó en una lista de meditación no sé muy bien por qué razón, si por BPM (Beats Por Minuto) o por texturas. El caso es que gracias a unos algoritmos mágicos les encajó en una playlist y al parecer las escucha mucha gente, Spotify las promociona un montón. Me avisó un amigo al mes o a los dos meses de salir el disco. ¿Sabes que tienes una canción que ya lleva ciento y pico mil escuchas?

¿Cuánto paga Spotify por tener un tema con tantas reproducciones?

No tengo ni idea, pero también te digo que no me saca de pobre. Pagan una miseria. Me pasan liquidaciones semestrales y anuales de estas plataformas musicales y no te lo podría decir exactamente.

Foto Aérea es muy poco… convencional. Suena muy antiguo, antiquísimo, como si viajases en una barca de hace 100 o 200 años. ¿Te has alejado de la estructura de canción pop convencional deliberadamente?

Desde hace algunos años me pasa una cosa: huyo cada vez más de la música cuantizada, es decir, cuando grabas un disco el técnico te pone una claqueta que va a 100 BPMs, a 110, a 120… y tú tocas siguiendo una claqueta. Hoy en día el 99% de la música se graba así y me parece que suena muy mecánica. En realidad, tiene sentido que se haga de esta manera y siga un tempo muy marcado, porque la música moderna es básicamente rítmica. Son ritmos y voces que melódica y armónicamente no me dicen mucho. Así que empecé a darme cuenta de que me atraía la música en la que el tempo no iba muy cuadrado y donde de repente había paradas y pasaban cosas un poco inesperadas. En el disco la música baila, va un poco arriba y abajo, y eso es algo que lo encuentras en la música antigua, que está grabada no con un diapasón ni un tempo fijo. Quizás de ahí viene esa impresión tuya. Tenía idea de hacer algo ondulante, que fuera y viniera. Alice Coltrane, de la que no soy fan especialmente, tiene esa cualidad. Su música va y viene. Con “Stardust” de Nat King Cole me pasa algo parecido. Es un hit, un clásico de la música popular al que no le acabo de pillar el tempo.

En “Lazy Afternoon” por fin te has animado a cantar. Me llama la atención que lo hayas hecho en inglés, habiendo estado en grupos que siempre han utilizado el castellano.

Es una versión y tiene una letra muy bonita. Es un estándar de jazz que aparecía en un musical de los años 50. Estaba grabando otra canción y cuando venía la parte final, en el último compás, en la nota final, me venía “Lazy Afternoon” y empezaba a cantarla. Debía haber algún acorde por ahí que me recordaba… No lo sé. Entonces, esa canción mía se quedó como intro y luego añadí dos minutos y pico de “Lazy Afternoon”. No había cantado nunca.

¿Por qué ahora?

Como el disco lo estaba grabando en casa, me podía animar. Si no me gustaba el resultado lo borraba y ya está. Creo que si se hubiera grabado en un estudio no lo hubiera hecho porque habría estado más inseguro. En casa hice varias tomas, cantaba por la mañana, por la noche, y al final se quedó.

Tienes una voz un poco de crooner…

(Risas) De aprendiz de crooner.

Tú que has sido una especie de padrino del indie en España, nos dejaste descolocados con aquel CD de música jamaicana incluido en la revista Rockdelux a principios de los 2000. ¿Hay muchos prejuicios aún con el reggae?

Yo creo que ya no, la gente escucha todo tipo de música. Antes sí porque el indie y el reggae eran tribus urbanas bastante antagónicas. Viviendo en Donostia en los años 80 no me acercaba al reggae, no me tiraba. Quizás porque no había conocido el reggae que me interesaba. En Londres empecé a escuchar cosas que ni siquiera se parecían a lo que yo pensaba que era reggae. En Inglaterra no había esa especie de dicotomía, no había un rechazo del indie inglés al reggae.

¿Empezaste por el rock steady? Suele ser el paso natural desde el pop de los 60 o el soul clásico.

Empecé por el dub y el ska instrumental. Recuerdo que compré un poco a ciegas un disco clásico de Augustus Pablo, “King Tubby Meets Rockers Uptown”, y que todavía sigue siendo uno de mis favoritos. Yo entré por el lado psicodélico del dub. No te digo que suene como Syd Barret, vienen de culturas distintas, son conceptos distintos, pero está esa cosa de usar la mesa de mezclas como instrumento y un sentido del espacio muy concreto.

¿Te interesa el Islam? En tu Instagram hay varias referencias a la estética y cultura del norte de África.

El Islam no, pero la música y cultura magrebí muchísimo. Me gusta mucho la ciudad de Tánger. Me instalé un invierno entero allí. Me deslumbra una cantante egipcia llamada Umm Kulthum, que es como la gran voz de la música oriental del siglo XX. La conocí por Lole y Manuel, que en su tercer disco hacen una versión de una canción que se llama “Almutamid”. Me encantaba. Qué maravilla es esta. Se fueron a El Cairo en 1977, se metieron en el estudio con una orquesta local y grabaron una versión que es muy fiel a la original, muy respetuosa. A partir de ahí empecé a investigar.

Sigues trabajando con la misma gente de hace 30 años más o menos, Teresa Iturrioz, Javier Aramburu, P3z… Funcionas un poco al modo de un grupo de música sin lo malo de estar en un grupo y soportar discusiones y tensiones.

Con Teresa llevo colaborando toda la vida. Los tres nos conocemos desde jóvenes y conectamos muy bien. Podemos estar parados dos o cinco años y no pasa nada. Con Javi P3z siempre tengo la impresión de que cualquier día podremos volver a trabajar juntos. Tengo 52 años. A mi edad es difícil estar en un grupo, está diseñado para la vida adolescente. Recuerdo que en Aventuras de Kirlian pasábamos la tarde en el local y no teníamos otra cosa que hacer. Cuando eres adulto tu vida ya no es así.

Me sorprende y me entristece un poco que una figura clave del pop español de los últimos 35 años no pueda dedicarse exclusivamente a la música. ¿Cómo lo llevas?

Lo llevo bien. Nunca he querido vivir de la música. No acabo de verlo como una profesión. Cuando en Aventuras de Kirlian fichamos por Dro en el año 88-89 y grabamos un disco, enseguida vimos cómo funcionaba el negocio y lo que teníamos que hacer para ser músicos profesionales. Todos vimos muy claro que no queríamos eso. Yo creo que me habría quemado y a los 5 o 10 años lo habría dejado y no habría vuelto a hacer nada más. Siempre he intentado vivir de otras cosas para tener la libertad de dejar la música cuando quiera. Nunca he tenido la seguridad de que fuera a hacer un disco todos los años.

Jon Pagola
[email protected]

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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