GHOST NUMBER: JUNGLA, SERIE B Y CIUDADES FANTASMA

Dirt & Other Spells es el segundo LP del populoso grupo donostiarra Ghost Number. David Pisabarro ejerce de capitán general de un universo único dominado por el banjo y vientos trepidantes. Fotos: Santiago Farizano  

 

Mientras desgranamos el segundo LP de Ghost Number, Dirt & Other Spells, David Pisabarro da un giro inesperado y acaba desvelando nuevos proyectos más allá de su grupo matriz.  ¿Tienes pensado llevarlos a cabo en 2020? “Primero tengo que aprovechar el tirón del disco y tocar todo lo posible. Toda mi energía está centrada en eso”, admite David. Los donostiarras Ghost Number (han perdido por el camino la coletilla “his Tipsy Gypsies”) son una banda atípica por muchas razones. Para empezar, la formación al completo alcanza los 11 miembros, aunque la mayoría de las veces salen a tocar en formatos de 6 u 8 personas. Con su debut, From Dawn to Dust (2017), dieron 60 bolos por toda la Península sin mánager, sin sello, literalmente con lo puesto, autogestionado al 100%.  Sus canciones (negras como el carbón, de espíritu apocalíptico) remiten a un pueblo ficticio llamado Ashdogtown y suenan a otro tiempo, a fiesta pagana, a muerte y resurrección en territorio yanqui. Ghost Number es uno de los grupos más enigmáticos y peculiares que nos ha brindado la escena musical vasca en los últimos años. No hay otro grupo que suene igual por aquí porque, seguramente, no hay nadie igual que David.


Hay bandas de tres miembros que terminan como el rosario de la aurora (The Jam). ¿Cómo se mantiene la convivencia con 11 miembros?

Procuro llevar las formas de la manera más democrática posible. Es verdad que yo llevo el liderato como lo entienden los ingleses, lo que significa currar más y hacer más cosas. Pero las cosas importantes se debaten y prefiero que los temas de este tipo se decidan entre todos. No suele haber problemas. Es sencillo. Lo que pasa es que tienes que preguntar más veces (ríe).

No tenéis un mánager, no tenéis un sello y todo se hace de manera autogestionada en tu particular equipo de fútbol. Siguiendo con el símil, ¿cuál sería tu rol en el campo? 

Yo diría que ejerzo de una especie de capitán, que igual puede sonar muy guay pero, como decía antes, solo significa más curro. Y luego tengo un pedazo de equipo, del que estoy muy orgulloso y con el que nos llevamos súper bien y ejecutamos entre todos/as. Son amores.

El Dabadaba ha sido testigo de toda vuestra trayectoria, pero también ha actuado a modo de refugio. Creo que al principio ensayabais en el almacén del local.

Correcto. De hecho, el primer disco lo grabamos ahí, entre dos colchones. Estás grabando lo que crees que es el solo de tu vida y, de repente, vienen a por cajas de cerveza. Era guay. Lo grabamos todo ahí.

¿Lo hicisteis así por falta de presupuesto? ¿Por pragmatismo? 

En el local estábamos muy a gusto y teníamos tiempo para grabar. Tu mejor herramienta es el tiempo. Un músico puede ir a un estudio que te cagas y grabar sus canciones, pero si no tienes mucho tiempo y te entran las prisas puede ser un problema. Lo queríamos hacer a nuestro aire, tranquilamente.

Tu primer disco, From Down To Dust, es de 2017, pero en esos primeros años (2014-15) hubo muchas idas y venidas, cambios en la formación… ¿Cómo recuerdas esos inicios? 

Yo siempre había querido tener coros en el grupo. Al principio estaban Marta Ennes y Laura Quintana y también Daniel Olano a la batería, que luego fue reemplazado por Iñaki Fortun. Iñaki López-Allende tocaba el contrabajo.  Tras una serie de contratiempos el grupo se estabilizó y durante el primer año y medio funcionamos con 6 personas.

Entonces estabas muy metido en la música previa al rock and roll, el western, bluegrasss y cosas así.

Aunque el banjo es el elemento central, el bluegrass no tanto. Tenía en mente hacer canciones que fueran muy fáciles para todo el mundo, empezando por mí. Hacer algo sencillo y entretenido y
que pudieran versionearse fácilmente. No en el sentido que nos fuese a escuchar mucha gente,
¡lógicamente no! (risas) Sino que tuviera una estructura y melodía muy esenciales. Esa era la idea
central.

¿Tu idea sobre cómo tiene que sonar el grupo ha cambiado? ¿La premisa ahora es otra?

Sí, un poco. La idea para el nuevo disco era mucho más abstracta y no tenía unos referentes musicales a los que atenerme. Es algo súper estético. Quería algo muy concreto que no he escuchado en ningún disco completo, sino en algunas canciones sueltas. Mi idea, por resumirlo rápido, ha sido la de crear un sentimiento de jungla, oscuro, como de película de Serie B, y a la vez muy festivo.

Se percibe una mayor apertura en el nuevo LP, “Dirt & Other Spells”. El single de adelanto, Welcome to Kamtar tiene aires caribeños, hay Rythm and Blues, música balcánica, el lamento mejicano de Sangre, que cantas en español…

Puede ser. Para mí en realidad todo está mucho más cerca de lo que parece, aunque entiendo que desde fuera pueda parecer más variado.

Igual es porque todo sucede en una ciudad imaginaria llamada Ashdogtown. ¿Cómo describirías ese no-lugar?

Parte de la distopía básica de toda la vida, un rollo apocalíptico y chungo. En realidad, es un pueblo gigante que está contruído en un cráter y alrededor hay un desierto con dunas. Los habitantes del centro viven de puta madre, pero los que realmente son buenas personas son los de las afueras, que están más jodidos. Lo que hacemos con Ghost Number es una especie de recreación teatral de uno de los grupos de Ashdogtown que hace temas tradicionales.

Y vistas  las letras de vuestras canciones -oscuras y apocalípticas, como dices-, ¿te centras más en los que están en los márgenes?

Claramente, son los protagonistas.

¿Qué es lo que realmente te interesa de todo ese submundo, de esa cara B de la vida?

Supongo que tiene que ver con una época extraña y rara de mi vida. He sido capaz de ponerlo en palabras 32 años después. Siempre me he visto atraído por las partes más oscuras de todo en general, pero en realidad como algo optimista y tendente al hedonismo bien llevado. A grandes rasgos, siempre había visto la muerte como la única cosa real existente y como lo único que te azuza a ser un deprimido de la vida o, al revés, que creo que es mi caso; te quedan dos días, pues vive bien, respeta a los demás y a ti mismo y sé feliz. Y es algo que me ha ayudado mucho este año, lo he visto muy claro. Quizás es por eso que en este disco la muerte y sus márgenes
tienen más importancia.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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