GET IN: MORRIÑA, DONOSTIARRISMO Y ROCK DE ESTADIOS

Las 10 claves del éxito absoluto de la muestra ‘Backstage: Get In 1991–2021’ que se clausura este fin de semana en Tabakalera.  

 

1) Es pura nostalgia. Quien más quien menos ha estado en algún concierto organizado por Get In en los últimos 30 años. No es difícil: la promotora donostiarra ha montado más de 12.000 actuaciones musicales en toda su historia, un puñado de ellos en Gipuzkoa. Cualquier tiempo pasado no necesariamente fue mejor, pero lo guardamos en nuestro corazoncito y eso vale su peso en oro.

2) El concepto. ¿Una expo que por una vez hace un uso apropiado de la experiencia inmersiva sin que nos sintamos bichos raros? Sí, por favor. Los elementos son sencillos (un escenario, un backstage, carteles, paneles explicativos, una gran pantalla udosiana), y se recorre a modo de entretenido itinerario circular.

3) La música, un sentimiento importante
. Lejos, muy lejos, de los paradigmas de la nueva museografía, donde a veces se requiere un cursillo avanzado en arte contemporáneo para conectar con un supuesto genio del performance, la exposición va al grano. Como una pegadiza canción pop. Tres minutos de excitación primaria que recorren todo el cuerpo, golpea el alma y se quedan clavados en la cabeza.

4) Guiño donostiarra. Iñigo Argomaniz, de Get In, tenía claro que quería conectar al público local con la muestra. Las referencias al velódromo, el estadio de Anoeta y otros lugares con los que se ayudó a configurar el llamado triángulo rock, junto a Madrid y Barcelona, son constantes. Guiño, guiño.

5) La pandemia, aliada inesperada
. Tras casi dos años en los que se han borrado los conciertos de estadios, el público tiene hambre de música en vivo. Sentarse en la sala a ver las actuaciones en bucle de grandes artistas internacionales tiene un efecto casi terapéutico. Si no puedo ir a un festival, al menos me queda fantasear con ello con el concierto que dio REM en 1995.

6) El rock como elemento aglutinador
. ¿A quién no le gustan Dylan o Neil Young? ¿Existe un todoterreno más admirado que David Bowie? Tom Waits sigue siendo el amo, ¿no? En una época en la que la música urbana es el lenguaje dominador y los jóvenes están a otra cosa, las guitarras vuelven a unir a unos y otros, como en los viejos tiempos. La liturgia del rock convoca a sus fieles, que siguen siendo muchos y muy variados.

7) Deprisa, deprisa. Como los yogures que caducan en unos pocos días, apenas ha habido margen. La muestra se inauguró el 4 de febrero y finaliza este domingo 6 de marzo. Normalmente, las exposiciones temporales en Donostia suelen extenderse unos tres meses. El viaje musical de Get In ha sido un visto y no visto, lo que ha alimentado su expectación.

8) El boca a boca. El binomio Donostia-música ha funcionado como una maquinaria perfectamente engrasada, capaz de despertar la curiosidad del público, que lo ha recomendado a todo quisqui. Se ha convertido en un pequeño fenómeno.

9)  El picoteo de actividades
. No ha sido una de esas exposiciones inertes que una vez montada no se toca hasta su finalización. Get In, secundado por el comisario Cheli Lanzagorta y un abanico de periodistas, melómanos y creadores, ha generado alrededor de la muestra una serie de charlas, encuentros, conciertos sorpresa…

10) Pura nostalgia bis
. La coletilla de “ya no se hacen conciertos así” ha sobrevolado el patio de Tabakalera. ‘Backstage: Get In 1991–2021’ nos recuerda a cuando éramos jóvenes en los años 80 y 90, cuando no había Internet, cuando lo virtual pertenecía a mundos que nos quedaban muy lejos y en lugar de móviles encendíamos el mechero con los primeros acordes de “Everybody hurts” de REM.

Jon Pagola
[email protected]

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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