EL DISCO DEFINITIVO DE RAFAEL BERRIO

Todas las virtudes del músico donostiarra Rafael Berrio se condensan en su nuevo trabajo, Niño futuro. Rock profundo y emocionante, con Lou Reed y Peter Perrett en la retaguardia y toneladas de lirismo descarnado. Foto portada: Thomas Canet

 

1 Descubrí tarde, muy tarde, a Rafael Berrio, cuando en 2011 el vídeo de “Simulacro” impactó como un asteroide contra la tierra en mis años madrileños. ¿Era real lo que veían mis ojos? ¿Un pomposo cantautor donostiarra con dejes afrancesados y arreglos orquestales a lo Scott Walker (snif) cantando sobre “tener el don de vivir dos veces”?

2  Aquella canción y aquel disco, 1971, captaron a una nueva generación que se había perdido su etapa anterior en Deriva y Amor a Traición y que no tenía ni idea sobre el papel que jugó Berrio en el Donosti Sound primigenio de los 80. Dos años más tarde, Diarios no me pilló a contrapié. Fui a la presentación del disco en una librería de Madrid. Claro, ya me había hecho fan. A menudo tachado de hermano menor de 1971, ambos discos combinan estupendamente, como la ginebra y la tónica, y funcionan a modo de díptico.

3 Su regreso al rock en 2015 era un paso lógico a todas luces: la fórmula Jacques Brel ya no daba más de sí y lo suyo era volver a pisar terreno conocido. Por fin reivindicado en todas partes, desde los enteradillos indies hasta los señoritos del rock, la revista Ruta 66 elevó Paradoja a mejor disco del año. Rock punzante, directo al grano y que, como siempre, iba cargado de poesía. Sus canciones podían noquearte. Pero tumbado sobre la lona, exhausto, te dabas cuenta de que querías otro latigazo y luego otro y otro más. Berrio lo había vuelto a hacer.

4 Hay un antecedente claro -al menos en lo musical- en el nuevo disco de Rafael Berrio. “Arcadia en flor”, tema compuesto para la banda sonora de La Reconquista (2016) de Jonás Trueba, anticipa algunas claves. Sin renunciar a las clásicas coordenadas rock, Berrio levanta el pie del acelerador y renuncia a la sobrecarga guitarrera. Ahora se trata de abrazar el concepto de canción pop y elevarlo a su máxima categoría desde aguas más calmadas.


5 Niño futuro, que se publicó el pasado 1 de marzo, está lleno de medios tiempos. Salvo el sorprendente spoken word que da título al disco, las nueve canciones restantes se mastican lentamente. Rock amable y suave en sus formas, estremecedor en el fondo. En muchos tramos su contenido duele. Algunas letras son tan oscuras como el carbón y encogen el corazón.

6 Exceptuando la inicial “Dadme la vida que amo” (que tiene un toque a “Dirty Boulevard” de Lou Reed), el resto está abocado a un inevitable pesimismo de trazas nihilistas que, por otra parte, no es nuevo en el universo Berrio. El contenido de “Abolir el alma“, una de las cimas del álbum, es directamente frustrante: ´Abolir el alma, / no hay otra salida. / Abolir el alma / de lo más profundo de nuestro ser. / En tanto con ella transijamos, / expuestos estamos a todos los males´.

7 Hay un requiebro vocal (cuando exclama ´pero no puedo´) en “Mi álbum de nubes del cielo” que me emociona especialmente. Pero casi podría ser cualquier otro pasaje del disco. Dice así: `Mi cristal, mi ventana / quisiera no pensar en nada, pero no puedo / mi álbum del cielo / mi pequeña colección de nubes de los días claros / y de los que no lo son´.

 

8 Tengo un problema con el Berrio presimulacro: no sé si sus temas han aguantado bien el paso del tiempo. La producción de sus viejas canciones necesitan desempolvarse, cosa que parece no vaya a sucederle a Niño futuro. Rico en matices instrumentales, se ha rodeado de una suerte de dream team local (Joseba Irazoki, el pianista Paul San Martín, Karlos Aranzegi y Fernando Neira) para formar una banda solvente y de calidad contrastada. En los coros participan Elena Setién (“Abolir el alma”) y Virginia Pina (“Considerando”).

9 La cara B del disco baja un poco el listón, también es verdad. “Las tornas cambian” recuerda en el estribillo a “Flaca” de Andrés Calamaro y “El truco era un resorte” es un cierre correcto pero que no destaca especialmente. Sin embargo, por encima de todos ellos se alza (y seguramente también por encima de todo el disco) “Niño futuro” en el que más que cantar, Berrio escupe una serie larguísima de adjetivos y sustantivos en clave apocalíptica que te dejan sin aliento. Para mí es como si hubiera pintado su propia versión del “El jardín de las delicias” de El Bosco plagado de personajes pecaminosos, lujuria y una turbia atmósfera que recrea el infierno.

10 Con Rafael Berrio las menciones vía Lou Reed suelen ser inevitables. Yo mismo he hecho una. Se habla menos de sus similitudes con Peter Perrett, el que fuera líder de The Only Ones (los del hit powerpop “Another girl, another planet”) y que últimamente ha renacido de sus cenizas con dos discos estupendos. Ambos comparten una estética determinada, un timbre de voz grave, una actitud rock star y querencia por el lado salvaje (y elegante) de la vida.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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