LA OFERTA MUSICAL CAE EN PICADO

Salvo la programación de Donostia Kultura y un puñado de conciertos aislados, la pandemia ha extinguido la música en directo de la ciudad. El sector se revuelve y aporta posibles soluciones. Foto de portada: Santiago Farizano.

 

Solo el año pasado en la sala Dabadaba se celebraron 234 conciertos, a años luz de este 2020 condicionado por la pandemia que ha cortocircuitado su actividad. El casillero se mantiene de momento inamovible desde la actuación de los holandeses Mooon el pasado 11 de marzo, hace ahora 6 meses. Y a pesar de que tantean reanudar la música en directo a partir de octubre, aún no hay nada decidido. “Dependemos, como siempre, de que las circunstancias permitan hacer económicamente sostenible el concierto, en cuanto a aforos y demás, así que iremos viendo sobre la marcha”, sostiene Álex López-Allende, socio del local de Egia. Con o sin conciertos, se adecuarán a los nuevos tiempos solicitando “el paso temporal” a Grupo 2 para cumplir con la normativa vigente y poder así abrir como cafetería-bar. Nueva decoración, nuevo enfoque y, esta vez sí, se inaugurará la anunciada tienda de discos. “Va a ser un sitio súper agradable”, resume Álex.

Uno de los pocos promotores que este verano ha podido organizar algunos conciertos en Donostia ha sido Iñaki Estévez. De la mano de la empresa Get In, está desarrollando “con éxito y, por supuesto, cumpliendo todas las medidas de seguridad”, el ciclo de actuaciones acústicas Live de The Roof, que se completa el próximo día 17 con los valencianos La Habitación Roja. El formato, con aforo reducido, ha ayudado a que pudieran llevarse a cabo. “Son muy exclusivos y venden la cercanía y la posibilidad de ver de cerca a artistas que no podrías hacerlo de otra manera por cómo plantean sus giras”, explica. Estévez echa cuentas y lamenta la cancelación en cadena de un puñado de grupos nacionales que tenían previsto pasar por Donostia: Tulsa, Biznaga, Hinds, Delaporte, La La Love You… En cuanto a las bandas extranjeras, cuenta, está tratando de “reconducir y reubicar” las fechas de sus nuevas giras a contrarreloj y bajo el yugo de la incertidumbre.

La oferta se ha visto dañada con la aplicación de unas duras restricciones que, en la práctica, han paralizado a grupos, salas y promotores. En una ciudad acostumbrada a tener que saltar casi de un concierto a otro, solo grandes eventos tipo Jazzaldia o Quincena Musical han podido desarrollarse con más o menos normalidad. A esto cabe añadir algunos conciertos organizados por Donostia Kultura, principalmente en el teatro Victoria Eugenia; las sesiones de jazz, salsa y otros géneros afines en el bar Altxerri; la terraza de la cuarta planta de Tabakalera; y la tanda de conciertos de rock que celebró el ¡Be! Club a finales de julio. Poquito más, como es el caso de Grande Days y su actuación en Chillida-Leku. El resto de pulmones musicales de la ciudad (casas de cultura, gaztetxes, salas) han desaparecido de la noche a la mañana, aunque en el Doka del Antiguo tienen previsto tres conciertos (Zetak, Los Chichos, Anestesia) en los próximos meses. Y para un pequeño festival que parecía contar con el visto bueno de las autoridades municipales -Basoka, en el anfiteatro de Miramón con capacidad para 600 personas-, se ha suspendido in extremis.

El sindicato de reciente creación Teknikariok, que agrupa a trabajadores de espectáculos, eventos y artes escénicas en Euskadi, clama por la reactivación inmediata del sector cultural. “Los contagios a día de hoy en eventos se reduce a cero”, argumenta Iñaki Castro, programador, jefe de producción y actual batería del grupo Oki Moki, que pasa a enumerar las principales reclamaciones del colectivo. “Un plan de rescate, reconocer la intermitencia de los trabajadores, alargar ERTES hasta que se recupere la actividad, ampliar las ayudas para autónomos y eliminar restricciones para acceder a ellas”. ¿Cuál es el estado de ánimo de los trabajadores musicales? ¿De injusticia? ¿Pesimismo? ¿Cabreo? “Injusticia y cabreo sí, pesimismo no. Hay que seguir adelante y luchar por nuestros derechos. Seguiremos movilizándonos”.

De lo que se trata ahora es de evitar la desertificación musical, que de momento solo parece sostenerse con el frágil goteo de la iniciativa pública. Recientemente el grupo inglés Tindersticks anunciaba la cancelación de su concierto en el Victoria Eugenia, previsto para el 24 de noviembre, y que en un principio estaba programado el 14 de marzo. Otra baja más. Estévez da con algunas claves para salir del atolladero. “Primero se tiene que levantar un poco el pie, que dejen respirar a las salas este otoño y que haya posibilidad de hacer música en directo de manera más fácil”, resume. “En varios lugares del Estado vemos que se ha implicado a los actores culturales locales en todo el proceso de organización de conciertos, aliviando así un poco el drama que está siendo esto”, tercia Álex, que pone como ejemplo a Navarra, donde se ha puesto en marcha la iniciativa Salas de Música en la Calle de Pamplona. “Pero en Euskadi”, insiste, “la propuesta ha sido la más absoluta de las nadas. Tanto es así que ni a las ayudas genéricas nos hemos podido acoger, debido a las incomprensibles limitaciones (solo micropymes, es decir, menos de 10 empleados, ridículo para una sala de conciertos normal).”

Según Estévez, lo que falta es diálogo. “Y por supuesto, ayudas o creación de ciclos y programaciones donde se cuente con todos. Las instituciones, en general, no saben la realidad de nuestro problema. Desconocen nuestro trabajo, toda le gente que abarca este sector, que no solo son músicos y público…. Son programadores, técnicos de sonido, de luces, conductores, backliners, road managers, etc.”. “Yo creo que hay una desinformación y un miedo muy grande”, asegura Castro, algo en lo que también está de acuerdo Estévez que, directamente, señala el sesgo “sensacionalista” de los medios generalistas, lo que acaba inoculando una especie de “psicosis” en la población. “Hay que transmitir que la cultura no contagia y que es necesaria. Se pueden hacer eventos seguros y eso es lo que defendemos”, sintetiza Castro.

Foto: FOKU / NAIZ

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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