“BERRIO NO ERA APTO PARA PALADARES DE MCDONALD´S”

Pedro Gracia Pérez de Viñaspre, líder de Havoc, recuerda al recientemente fallecido Rafael Berrio. 10 años de estrecha relación que son toda una vida.

 

El día que me encontré a Rafael Berrio también estaba Pedro Gracia Pérez de Viñaspre, más conocido como Havoc. Tomaban algo en el bar Ondarra de Gros mientras fuera llovía a mares. Era verano de 2011, en pleno Jazzaldia, y los conciertos en la playa de la Zurriola se debieron suspender. O no. No lo recuerdo bien. Caí en el bar de puro churro. Dudé en presentarme a Berrio y felicitarle por su música. Me había enganchado a su disco 1971, que había penetrado en el ámbito cultural madrileño de la mano de la canción Simulacro. Unos meses antes lo había visto en una de sus esporádicas actuaciones en el café Libertad 8, en el barrio de Chueca, un refugio para bohemios, cantautores y hasta cuentacuentos. Se me quedó grabado en el corazón. Apuré mi gin-tonic y me decidí a hablar con él. Me atendió con mucha amabilidad, muy halagado, y apuntó mi e-mail en su libreta. “Cuando vuelva a tocar en Libertad 8, te aviso”.


A su lado estaba Pedro, que ya hacía sus pinitos en la música como PLV Havoc en una suerte de cantautor indie anglosajón. Me quedé con ellos un rato más. Un señor de mediana edad y un chico de 30 años conversaban animadamente sobre música, la maldita fama y las dichosas modas. Era divertido escuchar cómo se cruzaban puyas y acusaciones sobre sus carreras en un ambiente distendido e inofensivo. Pedro dijo algo así como que Berrio era el hombre del momento y, en unos círculos muy reducidos, casi marginales, no le faltaba razón.

Nueve años después Berrio ya no está entre nosotros. Y le he preguntado a Pedro lo que muchos pensamos:

-¿Se ha ido el más grande de los músicos donostiarras?

-Sí.

Más o menos desde entonces, Havoc y Berrio han mantenido una estrecha relación que desborda los márgenes musicales. Era habitual verlos juntos. Formaban un peculiar tándem en el que no se sabía muy bien quién era el moderno y quién el antiguo, quién era más maduro y quién decía más chiquilladas. A veces uno tenía la sensación de que eran como velocistas que corrían por turnos y se pasaban el testigo el uno al otro.

El hallazgo

“La primera vez que escuché su nombre fue en el Bukowski. Yo me encontraba en la prueba de sonido de quizás mi primer concierto en la mítica sala. Recuerdo que mientras Josu Bukowski se peleaba con la PA y la mesa de sonido empezó a sonar una canción por los altavoces. Sonaba a puro Dylan en castellano. Me quedé embobado escuchando. Y pregunté: `¿Qué es esto?´. Y Asier, que estaba detrás de la barra, respondió: `Es Deriva, el grupo de Rafa Berrio´. Yo puse cara de saber de lo que hablaba, pero la verdad es que siempre he sido un ignorante. Aquello me dejó marcado. Ese tipo tenía algo mágico, ¡cantaba en castellano!, y desbordaba personalidad y prosodia por todos lados. Me sentí un fraude al escucharlo.

Ahí se quedó la cosa. No sé cuánto tiempo pasó hasta que en una de esas noches mágicas en el Bukowski alguien me dijo que aquel hombre con maletín y un Barbour verde era el tal Rafael Berrio. Le estuve escudriñando toda la noche. Una fuerza magnética me atraía a él. Y, finalmente, cuando le vi despedirse de alguien y se dispuso a bajar la cuesta de Egia fui detrás y le asalté: `Hola, eres Rafa Berrio, ¿no?´ le dije displicente, y él, entre sorprendido y distante, me dijo que sí. Obviamente, no me conocía ni falta que le hacía. Pero yo le saludé y con eso me bastaba.

Luego él siguió su camino y yo el mio”.

Química alumno-maestro 

“Rápidamente conectamos. Ambos nos mirábamos a los ojos. Al principio creo que hubo una especie de relación paterno-filial, al menos por mi parte. Mi padre murió cuando yo era joven y supongo que voy buscando esa figura de ausencia de padre. Recuerdo que al principio él me solía llamar `mi niño´, cosa que me encantaba. Yo siempre le llamaba Rafael. En lo que a la música se refiere lo que he he aprendido de Rafael es incalculable. En el fondo éramos muy parecidos, y sus actitudes muchas veces refrendaron las mías.

Creo que en realidad ninguno de los dos necesitaba que colaborásemos juntos. Ambos nos ayudábamos continuamente. Yo le llevé a tocar conmigo a Barcelona, él me dejaba una guitarra, le mandaba canciones, hablábamos todo el rato… Esa era nuestra forma de colaborar el uno con el otro.

Pasado el tiempo, no hace mucho, me invitó a cantar una canción con él en un concierto. Claro, lo hizo la misma tarde del bolo, y así fui, TRANQUILÍSIMO.  El tío no se perdía ni uno de mis conciertos. Y en los suyos me invitaba a cantar desde el escenario estando yo entre el público o hacía algún chiste sobre mí. Yo se lo hacía a él en los míos. Siempre me sentí bajo su brazo protector”.

 

  
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Rafael, la he grabado para ti. Sé que era tu favorita. Hace años que no la cantaba, así que perdona si está regular. Recuerdo que cuando la escuchaste me dijiste entre burlón y cómplice: “Havoc, es una canción excelente, pero recuerda que siempre serás el segundo mejor compositor de Donosti, después de mí claro”. Me encantaba la sensación de no saber si me tomabas el pelo o me hablabas en serio cuando estábamos juntos. Esa falsa sorpresa del hombre que lo sabe todo. Luego te dije: “sí? De verdad? La grabamos y la cantamos juntos?” Y me contestaste aleteando : “no no no, en absoluto, nunca”. Recuerdas, Rafa? Bueno…pues para ti. Te quiero. (Podéis ver el vídeo entero en YouTube escribiendo Havoc “Me gustó inmediatamente (para Rafael Berrio) https://youtu.be/sNqYHje5Tr8

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Rafa y su juego del despiste

“Rafael era graciosísimo, especialmente cuando no lo pretendía. Era más listo que nadie, jugaba contigo, tomaba tus medidas y si no eras natural… Estabas perdido. Como le he leído a Sergio Cruzado, era un niño grande. A veces se hacía el inocente, y muchas veces lo era, pues conservaba un pie en la ironía y otro en la inocencia. Cosa que le hacía único”.

Sobre la fama y la necesidad del reconocimiento

“La fama apesta. Pero todos queremos ser reconocidos por lo que hacemos, y Rafael no era menos. Berrio era un bocado exquisito no apto para los paladares de McDonald´s. Personalmente creo que Rafael toca la excelencia en todos sus discos. A veces en puntos menos obvios y a veces de forma más profusa, pero siempre tiene algo que roza lo sobrenatural”.

Discos y canciones fetiche

“Mi disco favorito es 1971, pero guardo recuerdos imborrables de canciones como El principio de una buena racha. Nos la solíamos poner en la furgo cada vez que llegábamos a una ciudad a tocar y la cantábamos a pleno pulmón. También No pienso bajar más al centro, una canción fetiche que, por cierto, la letra es de su hermano Iñaki, a quien desde aquí mando un abrazo inmenso, al igual que a Gemma y al resto de su familia”.

 

El adiós

“El ultimo día que le vi en persona fue en un concierto acústico en el que presentaba mi último disco, Espíritu. De esto hace mes y medio. Terminó el concierto en el ¡Be! Club y, ahí estaba. Me dio una alegría inmensa. Llevaba meses afónico y mal, y aun así se acercó a verme. Y me susurró al oído: `El concierto ha estado 10 de 10´. Estaba contento, se reía de mis bobadas, y luego fuimos a cenar un montón de amigos. Al despedirse le vi marchar y le grité: ´¡Rafael, te quiero!´. Se giró y se fue riendo. Yo nunca acepté su enfermedad. Siempre pensé que se pondría bueno”.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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