BASATI: SU ROLLO ES EL ROCK

El nuevo bar Basati de la Parte Vieja es el sustituto del Txiki. Rock duro, cervezas y el mismo espíritu pirata de siempre unas calles más arriba. Fotos: Santiago Farizano.

 

Txomin tenía varias opciones encima de la mesa. Un local muy amplio en Intxaurrondo, con una generosa terraza, ideal para moteros; otro en la zona de Reyes Católicos, también con terraza pero que había que reformarlo de arriba abajo; y la que parecía que tenía más boletos, el bar Ensantxe de toda la vida, que no terminó de cuajar. Así que al final, la mudanza del bar Txiki se ha hecho en un tiempo récord, con un margen de apenas dos semanas: cerró a finales de febrero y reabrió sus puertas el 15 de marzo. Basati, el nombre con el que se inaugura una nueva etapa, conforma ahora un polo de rock duro en la calle Iñigo junto con el templo metalero Minuto y Medio y el pub The Hole.

Pese a la sombra de la pandemia, se respira buen rollo en su interior, más holgado y espacioso que su predecesor. Es una tarde de miércoles y varios grupitos reducidos se distribuyen ordenadamente. Se ven algunas chupas de cuero, clientes más o menos habituales. Suenan Los Suaves, Barricada, Doro, Alice Cooper… Rock clásico sin adulterar, que es lo que el Txiki había ofrecido durante 21 años a una parroquia entregada y fiel desde el principio hasta el final de sus días en la parte baja de lo Viejo. “Me traigo el rock y me traigo a la gente. Ha venido toda mi clientela. Y cuando digo todos son todos, más algunos que pasan por la calle de manera aleatoria y aparecen por aquí”, explica su dueño, Txomin Tellado, que en esta “transición súper rápida” no se olvida de donde viene. “Seguimos siendo los mismos. Tenemos el mismo espíritu, solo que en otro sitio un poco más grande”, resume.

En un primer vistazo, sorprende el parecido razonable entre el Txiki y el Basati. Ambos cuentan con una barra en la mano izquierda y la pared de piedra, en este caso natural, a la derecha; los baños siguen estando al fondo del todo y la máquina refrigeradora está pegada a unas cortinas que separan la barra de un pequeño espacio privado.  Además, hay calaveras colocadas en fila, tres cañeros, un florete de esgrima que de momento sustituye a la legendaria espada del Txiki -“no sé si la traeré, me lo estoy pensando”, apunta Txomin-, una amplia gama de de cervezas artesanales,  madera por todos los lados… Un momento. Falta la icónica bandera pirata de la entrada, santo y seña del Txiki durante tanto tiempo. Al parecer, no la han colocado aún porque se ha encontrado con un inesperado contratiempo: a la vecina de arriba, ya mayor, la imagen de una calavera cruzada con huesos en blanco le produce cierto “miedo” y justo daría a su ventana. Poco a poco se está ganando la confianza del local, asegura Txomin, que continúa con la compañía en la barra de Alberto Montero, y esperan poder ondearla sin que interfiera en la visión de la señora.

Durante estos dos meses iniciales, Txomin ha ido personalizando el local hasta convertirlo en un cálido pub de aires irlandeses. Tradicionalmente, el país de la pinta de Guinness ha casado estupendamente con la cultura rock, como demuestra la existencia de grupos tabernarios como The Pogues o las innumerables versiones (Metallica, Thin Lizzy) de la popular Whiskey in The Jar. “Me gustaba la idea de tener miles de fotos en la pared y mucha cerveza, como en los pubs irlandeses. ¡Mis amigos y yo somos unos drinkers!”, bromea. Faltan pulir detalles. Las fotografías de grupos de música con unos marcos decorativos de madera que irán en la pared o un par de leyendas  -“frases lapidarias”- que se colocarán a la vista del público son algunas de las tareas pendientes.

La metamorfosis del antiguo bar Egarri, parada de adolescentes y universitarios, al actual Basati ha sido absoluta en cuestión de semanas. “Antes las paredes eran de color verde fosforito, tipo pistacho”, dice Txomin señalando un pequeño resto de la vieja tonalidad. “El cambio que se ha hecho es brutal, había un montón de focos y parafernalia luminosa en el techo que hemos tenido que quitar”.

Las tres mesas de la terracita improvisada en la calle están decoradas con discos y grupos emblemáticos (The Ramones, Motörhead y Iron Maiden) por si quedaba alguna duda de la filiación rockera del Basati. El logo está en camino, que irá en la puerta y tendrá a unos expresivos animales como protagonistas. Y por encima de todo Txomin se deshace en elogios hacia su gente, los amantes de los sonidos duros que le llevan siguiendo desde que empezó de camarero hace más de 25 años. En los altavoces se oye “No puedo dejar el rock”, un himno de puño en alto, convertido en un lema tatuado en la frente de muchos de los que se reúnen en el Basati, empezando por su cabecilla, un incansable y entusiasta rockero que vuelve a empezar de nuevo.

Jon Pagola
[email protected]

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

1Comment
  • Manoli Gonzalez
    Publicado a las 20:22h, 14 mayo Responder

    Yo he ido poco desde que se a abierto pero esta muy bien ,animaros esta muy bien el miso ambiente heavi

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