AYMAR NIETO VUELVE AL ROCK

Tras haber tocado en La Concha durante la pandemia, retoma la actividad con Rumbling Lips. No hay otra banda de rock igual en Donostia.  

 
“Ahora estoy centrado en el grupo, pero si lo necesitase por cuestiones económicas tocaría en la calle o porque, simplemente, me apetece hacerlo. No tengo ningún problema. Pero mi prioridad en estos momentos es la banda”. Quien habla es Aymar Nieto, guitarrista y cantante rock donostiarra del dúo Rumbling Lips, que por culpa de la pandemia se quedó sin su otro trabajo -en el sector turístico-, sin conciertos -en bares y salas- y se fue al Paseo de la Concha a buscarse la vida con un set cargado de estupendas versiones. De aquella experiencia solo guarda buenos recuerdos, salvo un “encontronazo” puntual con un agente municipal que no veía con buenos ojos que tocase en la calle; Aymar, de 34 años, enseguida le resta importancia. “Ahora es súper sencillo (tocar en la calle), pides un permiso y listo”, agrega.

Con las restricciones del coronavirus fuera de juego, tiene la cabeza puesta en su proyecto principal, una bofetada de rock and roll que nació hace un lustro, sufrió la marcha de su batería y que tras el parón pandémico ha retomado con energías renovadas. Por una parte, se ha aliado con Andoni Etxebeste, uno de los baterías locales más solicitados (y espectaculares) de la escena local: su currículum va desde los punk-rockers Señor No al indie de Ama o Havoc y el folk-rock de Frank.

“El primer batería se marchó a Alemania y nos vimos obligados a parar”, recapitula Aymar. “Solo pudimos dar un par de conciertos”, lamenta. “Encontrar un batería es muy difícil. Tienen que encajar muchas cosas: que sea bueno, que le guste el rollo y que nos llevemos bien, que es una parte muy importante. Con Andoni se alinearon los astros, fue genial. El primer día coincidimos en el local y hablamos durante hora y media y ya surgió la chispa”. En realidad, ese día no ensayaron ni tocaron juntos, pero Aymar le dejó caer que tenía un grupo y que estaba buscando otro músico para retomar la actividad del dúo. “Al tiempo me dijo: ‘¿Te apetece que quedemos un día para ensayar?’. Probamos con Youth y sonó como un tiro”.

Con la formación asentada, Rumbling Lips ha recuperado su velocidad de crucero con una serie de explosivos conciertos -el último en Bomberenea, Tolosa, teloneando a Lukiek- y la publicación a cuentagotas de nuevas canciones. Beben del blues originario y primitivo, de aquellos bluesmen que lograban multiplicar el sonido de las guitarras “como si fueran dos personas las que estaban tocando la melodía y el ritmo”. Lo que pasa es que, como se demuestra en Is This Love, trallazo publicado el otoño pasado y que lleva casi 10.000 visualizaciones en Youtube, son hijos de su tiempo y logran un áspero sonido blues-rock en la órbita de Black Keys o incluso The Brian Jonestown Massacre y The Mistery Lights. Con el garaje-punk y el psych-rock corriendo también por sus venas, su propuesta es una rara avis en Donostia.

Los planes de Rumbling Lips pasan por tocar lo máximo posible, ensayar y continuar con los lanzamientos periódicos de nuevas canciones, un método también acorde al tiempo que les ha tocado vivir y en el que los singles y la imagen cobran especial relevancia. El dúo cuida al máximo la estética en su cuenta de Instagram,  siempre en riguroso blanco y negro, con videos, teasers y stories para mantener viva la llama. El logo, obra del estudio Wallijai de Egia, capta el espíritu combativo del grupo: dos navajas old school se cruzan formando una equis sobre un fondo amarillo y con las letras R y L a ambos lados. Pues sí, Rumbling Lips cortan como afilados cuchillos.

Jon Pagola
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Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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