MERIDIAN BROTHERS: TAL VEZ EL CONCIERTO DEL VERANO

El grupo colombiano hace que el mundo parezca una caja de sorpresas. Un lugar mucho más atractivo, imprevisible y divertido. Sensaciones y reflexiones en voz alta tras su paso por el Dabadaba. Foto de portada: Lorenza Vargas

 

1 Tengo una amigo que desde hace unos años sostiene una teoría a la que tengo que reconocer que al principio no le hice demasiado caso: las escenas de música más excitantes ya no están en las grandes urbes occidentales, sino en los países del sur. América Latina, Asia y África son ahora los grandes focos musicales, dice. 

2 Su trabajo le obligaba a viajar por todo el mundo y aprovechaba para pillar discos raros en Tailandia, Perú, China o donde fuera. Doy fe de que ha dado con joyas antiguas y modernas. Su colección de discos ha sufrido una sorprendente mutación: grupos como The Cramps, Black Lips o los recopilatorios de Back From The Grave conviven ahora con extrañas divas del underground asiático.    

3  Su tesis es que en los países del sur se han empapado de la misma tradición pop que cualquier ciudadano europeo (Beatles-Velvet Underground-Bowie-The Smiths), pero que, al mismo tiempo, han incorporado sus particularidades culturales.

O sea: Mientras que en Inglaterra o Estados Unidos están esperando al próximo clon de Ian Curtis, en estos rincones del mundo van a lo suyo. No están obsesionados con repetir tal cual los mismos patrones anglosajones. En sus fábricas utilizan otros materiales que los convierten en especiales. Únicos.           

 Meridian Brothers, por ejemplo. Son de Bogotá y cumplen perfectamente con la definición de grupo-influido-por-el-rock-que-crea-algo-distinto-llámale-equis. El pasado viernes visitaron un poco de tapadillo el Dabadaba mientras la ciudad entera sucumbía al festival de Jazz.


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Es difícil explicar en pocas palabras su estilo: mezclan sin rubor ritmos tropicales, incorporan arreglos valientes y tienen un peculiar sentido del humor. Meridian Brothers es una alegre lluvia de confeti. Es el amigo simpático que lanza kilos de arroz a los novios cuando salen de la Iglesia.  

7 Aunque en una primera escucha sus temas pueden parecer extravagantes, en directo la conexión se produce de manera instantánea. Al final, por mucho que se empeñen en retorcer estilos y añadir capas y más capas como una gigantesca cebolla, no deja de ser pop. Pop deconstruido. Música que nos suena de siempre, pero que no es lo mismo de siempre.

8 Su peculiar sentido del ritmo atrae como un reto desafiante. Son capaces de desfigurar “Purple Haze” de Jimi Hendrix para armar una canción luminosa y renovada. Dicen que van a tocar un reggaeton y, en lugar de huir corriendo al Eiger, la música te invita a mover los pies y terminas bailando en armonía con desconocidos. En Donostia, ojito.   


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 Por una hora y cuarto hacen que el mundo parezca un lugar mucho más atractivo, imprevisible y divertido. Una caja llena de sorpresas. Solo hicieron un bis pero podrían haber repetido todo el concierto, palmo a palmo, canción a canción. Lo hubiéramos aceptado sin rechistar. 

10 Por mi parte, ha sido el concierto del verano. Así que puede que sea verdad y mi amigo acabe teniendo razón: habrá que prestar más atención a lo que se está cociendo en Lima, Niamei, Teheran, Shangai…  

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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