FAMILY: DE VUELTA AL BELLO VERANO

Un recuerdo emocionado a “Un soplo en el corazón” (1993, Elefant), el debut y único álbum del grupo donostiarra Family. Un disco triste y alegre, melancólico a más no poder, diseñado para acompañar los días de verano. Ilustración: Diego Besné

 

De entre todas las letras del disco, la del Bello Verano se lleva la palma. “Tengo ganas de fiesta / de que acabe el invierno / de volver a nadar en el mar /. De soñar el verano en el que fuimos novios y poderle cambiar el final”. La descubrí bastante tarde, cuando en otoño de 1999 un amigo del Colegio Mayor me puso el CD entero de Un soplo en el corazón y la acabé tarareando de camino a mi habitación. Yo, que estaba embadurnado de Britpop y de indie-rock norteamericano (Dinosaur Jr.-Sebadoh-Pavement), no me podía creer lo que estaban oyendo  mis oídos: era como si New Order se hubieran vuelto exquisitos de repente, como si Dave Gahan, cantante de Depeche Mode, dibujase noches de cohetes naranjas mientras aguardaba su botín pescando en una barca. Grabé el CD, como se hacía pacientemente en aquella época. Lo guardé como un tesoro. Pasó a formar parte de mi colección de discos favoritos junto con los de Suede, Oasis y The Jam.

De repente, Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea, los misteriosos miembros de Family, se habían convertido en mis amigos más preciados. Sin ser yo muy de esa onda, lo que tiene más mérito. En los 90 y principios de los 2000 hubo una pequeña oleada de grupos naíf, muy ñoños, por los que no sentía ningún tipo de conexión. Estaban alejados de mis coordenadas rock. Pero esto era diferente. A diferencia de aquellos discos -que casi todos terminaron extraviados en la indiferencia-, el de Family sigue siendo un brillante ejercicio de pop electrónico. Estoy seguro de que en 25 años también se hablará de la impronta emocional que han dejado Nadadora, La noche inventada o Como un aviador.

Descubrí que el dúo era donostiarra. ¿Cómo no había llegado antes a mis oídos? ¿Cómo se podía ser fan de un grupo de Granada, Manchester o Madrid y no conocer la existencia de una banda local ASÍ DE BUENA? Lo entendí mucho tiempo después. Una vez entrevisté a Bassmatti y me dijo que Donostia era la ciudad en la que no sonaban los grupos del Donosti Sound. En realidad, es todo un clásico: triunfas fuera, en casa te medio ignoran. De hecho, a pesar de que el disco ha adquirido estatus de leyenda, continúa siendo relativamente desconocido entre nosotros. Haz la prueba entre tus amigos y familiares y a ver cuántos lo han oído.

En casa del herrero cuchillo de palo.

Elefant Records públicó Un Soplo en el corazón en 1993, en plena efervescencia del indie español. Según contaron Luis Calvo y Montse Santalla, dueños del sello madrileño, su canción favorita era Dame estrellas o limones, que contenía un fragmento mágico que decía lo siguiente: “Quisiera estar junto a ti, quisiera ser un planeta, girando a tu alrededor, tu borrarías mis huellas”. Con Family se empieza amando las letras y luego ya viene todo lo demás. Versos elaborados con el mimo de un emblemático plato de cuchara regional y que a un chaval de 18 años le abrió un universo de imágenes, ingenio y belleza.

Siempre he pensado que Javier e Iñaki eran funambulistas manteniendo el equilibrio a 300 metros de altura.

El equilibrio, esa es la clave de Family.

Sus textos, por ejemplo. Te tocaban la fibra sin caer en la cursilería. Alcanzaban la cima sin subir por el camino fácil, adentrándose por pistas poco transitadas. No es solo un álbum para todos los públicos, accesible y melódico, sino que técnicamente resulta impecable, por lo que también convence a los oídos más entrenados. En cuanto al sonido, hay una interesante combinación de frialdad germana tipo Kraftwerk y calidez acústica. Las cajas de ritmo, los sintetizadores y todos esos ruiditos nos llevan a terrenos claramente tecno-pop, pero el resultado no es nada sintético; al contrario. Ahí está Viaje a los sueños polares, un tema de pop electrónico… con espíritu Motown. Un dúo cíborg con implantes en el cerebro que utilizaban la tecnología para  acariciar el corazón de la gente. Por lo que respecta a la voz de Javier -robótica, susurrante-, cuando dice cosas como “más de una vez te he querido abrazar por temor a perderte después”, automáticamente pasa a ser  el cantante más achuchable del indie. Una vez más, cuestión de equilibrio.

Mejor disco nacional de los años 90 para la revista Rockdelux, en su décimo aniversario salió un disco de versiones con lo más granado del panorama independiente. Ya en 2013 Elefant aprovechó el tirón del disco para sacar una nueva reedición en vinilo. Family, la leyenda. El mito indie. Y su música es ideal para el verano: refresca de día y funciona a modo de rebequita para las noches estrelladas.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

2 Comentarios
  • Ricardo F
    Publicado a las 11:44h, 24 julio Responder

    Un disco que me apetece escuchar cuando estoy muy triste… y cuando estoy muy contento.

    Una joya.

    • Jon Pagola
      Publicado a las 21:30h, 31 julio Responder

      Así es, Ricardo. Una joyita (perdona, que se me quedó atascado tu comentario. XD).

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