ESTAMOS ENVEJECIENDO (Y YA NO SOMOS COOL)

La música ha cambiado más en 2 años que en los últimos 20. Los que iban de modernos se han quedado obsoletos, anquilosados con sus viejos esquemas pop. Lo que era innovador, ya está desfasado. Foto portada: Lorena Ottero

 

1 A mediados de febrero vi a Echo and The Bunnymen en el Teatro Victoria Eugenia. A mi alrededor solo veía calvas y público madurito. Me los imaginaba yendo en comandita a ver a U2 en 1987 al Santiago Bernabeu. El grupo de viejos rockeros liderado por Ian MacCullock prácticamente tocaba frente a su propio espejo generacional. Apenas había mujeres.

2  Álex López-Allende, socio del Dabadaba y batería de Kokoshca entre otras muchas cosas, suele decir cosas interesantes. Y casi siempre va un pasito delante del resto. Hace tiempo que sostiene que a los más jóvenes (15-29 años) no les interesa la música con guitarras. El tiempo le ha dado la razón. La guitarra se ha convertido en la actual música pop en un atrezzo. Es el Rickie Gervais de la serie “Extras”, un actor muy secundario que se tiene que buscar la vida para chupar cámara y salir en un plano.

3 Varios días después de lo de Echo and The Bunnymen (no lo he dicho, pero estuvieron a la altura de su leyenda) vi a un tal Gus Dapperton en Dabadaba. El chaval había agotado todas las entradas a su paso por Madrid y las dos-tres canciones que había oído en Internet me habían convencido. Esperaba encontrarme a un nuevo Sean Nicholas Savage, es decir, synth-pop 80s, pero pasado por un tamiz millenial. Pues bien, nada de eso.

4 Aún estoy digiriendo lo que vi, porque no sé muy bien de qué se trataba. Parecía una especie de Eurodisney para instagramers. Una mezcla entre una boy-band de los 90, los teletubbies y temas de pop pegadizos con los que una muchedumbre ultramoderna de entre 18 y 24 años se volvía loca de alegría y hacía stories sin parar.

 Definitivamente, no le pillé el punto a Gus. A mis ojos representaba a la comunidad asexual de los petos amarillos tras haber pasado una (fugaz) fase emo. Para el resto del público, era Apolo, el dios de la belleza, la música, la luz y todas las flores del mundo. Cantaba bien, eso es cierto. Los temas de la banda tenían gancho, también es verdad. Pero el muro intergeneracional se impuso entre los dos y no pude aclarar mis ideas. No lograba descodificar las influencias de OMD, New Order o The Human League. Había algo indescifrable tanto en la música como en su en su inquietante comportamiento teen, como venido de un planeta extrasolar muy lejano al mío.

6 Seguramente el raro era yo. Durante el concierto sentí miradas clavadas en mis ojos como cuchillos con interrogantes gigantes. El tipo de mirada que surge cuando se descubre a un señor de 50 años merodeando en una fiesta universitaria para ver si pilla cacho o bebe gratis.

7 Hasta no hace tanto éramos nosotros los que señalábamos a los viejos. Normal. Éramos jóvenes. ¿Qué pinta ese ahí? Le dabas con el codo a tu amigo de al lado y sin un gramo de disimulo le restregabas tu lozanía al pobre hombre apoyado en la barra. Pensábamos, ilusos, que éramos Dorian Gray y que nuestros años de vino y rosas iban a durar eternamente.

8 Tengo un amigo que escucha el debut de The Velvet Underground una vez al año. Lo hace a modo de reverencia: es su disco favorito. Tiene 45 años, así que siendo optimistas escuchará 40 veces más el LP de sus amores. Pues a la mierda. Ha decidido oírlo más a menudo. Si lo que hay ahora no convence, mejor volver a los hits que nunca fallan. Time flies.

El lunes me junté con él en la Taberna de Egia. Sonaban clásicos del rock (Kiss, Deep Purple, The Who post Keith Moon y cosas así) que hemos oído millones de veces. Resoplamos de la pereza. AOR en estado puro. Música de padres que, ejem, perfectamente puede ser la nuestra. En mi cabeza mi amigo representa al moderno perfecto que se curtió en los 90, un snob del buen gusto. Sus grupos de cabecera son puro delicatessen: Spacemen 3, Bowie, Stooges, Yo la Tengo… De lo bueno, lo mejor.

10 Hojeamos la Mondo Sonoro. Hablamos de la deriva de la Rockdelux. Del Primavera Sound. De que no es cierto eso que se dice de que el trap es el nuevo punk (aunque no tengamos argumentos a mano para rebatirlo con fundamento). Rebobinamos malamente: empleamos la palabra comercial como sinónimo de mala calidad y lo independiente como algo bueno y auténtico (aunque sabemos perfectamente que no es exactamente así). ¿Stereolab y Jarvis Cocker comparten cartel con Rosalía y J Balvin? ¿En serio? Le aviso de que a estas alturas de la conversación somos unos pollaviejas oficiales. Nos van a crujir. Nos hemos hecho mayores y nos duele reconocerlo.

 

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

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