EL MOD DE AMARA

Último adiós a Iñigo Alfaro, uno de los mods más apasionados de Donostia que ha fallecido a los 49 años víctima de un cáncer. Fotos: Marta Ennes

 

En la receta de felicidad de Iñigo Alfaro no podían faltar dos ingredientes: la música y sus amigos. La última vez que lo vi exhalando felicidad fue durante la pequeña gira de presentación de la película Vinyland que en diciembre de 2015 había recalado en el festival Purple Weekend de León. Allí, en el epicentro mod español, le brillaban los ojos todo el tiempo. Cenamos juntos un par de veces en el Mongogo, donde se reunía la flor y nata del festival. Habíamos visto a Sister Cookie y New Picadillys en el Espacio Vïas, y repasamos los mejores momentos de los conciertos. Hablamos sobre los djs. Sobre la salsa de la noche anterior en la discoteca Oh! León. Sobre quién vestía mejor (y peor). Me reí con sus ocurrencias y con su agudo sentido del humor. Asiduo al Purple, esta vez había ido en plan VIP. Tenía un pequeño papel en la película y la organización le había invitado como a un artista más.

-Me siento como una estrella del rock-, me dijo enseñándome su pulsera de acreditado.

Vinyland se entiende como una oda al rock and roll que, a su vez, había juntado a unos amigos inseparables: Iñigo Alfaro, Iñigo “Art” Arzalluz y Jose Luis Olabeaga. Militantes mod, coleccionistas de discos, fieles a un abanico amplio que va del northern soul a la música pop. En el mundillo musical se les conocía como “los Iñigos y José Luis”. Eran uno y trino. Tres naturalezas y una sola sustancia. Se solían juntar en el Café Art de Amara donde trabajan Iñigo Art y José Luis. Iñigo Alfaro vivía a unos pocos pasos. Cuando salían por ahí y faltaba alguno de los tres solía preguntarme por el ausente. ¿Dónde estará? Se me hacía extraño verlos por separado o con una formación distinta a la habitual. Su número era el tres. Punto. Como Paul Weller, Bruce Foxton y Rick Butler en The Jam.

Iñigo Alfaro había firmado con los mods muy temprano. De vez en cuando pinchaba en el bar Eiger con el pseudónimo Happy Jack, el conocido tema de The Who, donde ponía sus singles de R&B, soul, northern y música beat. Pero sus gustos abarcaban terrenos colindantes de corte indie y britpop. Se había enamorado de Los Flechazos-Cooper, The Teenage Fanclub y Los Scooters-Javier Sun, y eso es algo que lo llevó tatuado hasta el fin de sus días.

Cuando el domingo 14 de julio fui a despedirle al tanatorio me encontré con caras conocidas del ambiente musiquero. Hablé con su hermana, Marti, y con Iñigo Art que saludaba a todo el mundo que cruzaba la entrada. Dudé un segundo en acercarme al ataúd. No quería recordarlo así. Me conmovía la idea de que se me quedará grabada la imagen final. Pero ahí estaba él, con una camiseta del icónico avión Spitfire y dos dianas modernistas a los lados. Como mandaban sus cánones. Tras el trago inicial, pensé que claro que sí, que le hubiera gustado llevar esa ropa. Miré alrededor. Me encontré con Juancar García, de la tienda Bloody Mary de Irun. Recordamos al Iñigo radiante del Purple de 2015. A la salida, Marti nos dio un pequeño sobre a modo de recuerdo en el que al lado de una foto suya venía la letra de una canción:

-Es de un grupo local-, me dijo.
-¿De Javier Sun?
-Sí

La canción se llama Nosotros. El fragmento dice lo siguiente: “Llegó la hora de decidir / de ver si estás a mi lado / Tengo la extraña sensación de que los vientos han cambiado / ¿Lo sientes? / Llegó la hora del invierno / borrando todo sentimiento. / Qué será de nosotros si tú te vas a otro lugar”. Cooper la versionó años más tarde. Álejandro Díez, líder de Cooper, contaba en Facebook que en un Euroyeyé de Gijón se la había enseñado antes que a nadie para saber si había estado “a la altura”. Pero a Iñigo lo que le preocupaba en ese momento, cuenta Álex Cooper, es que sus amigos no podían compartir ese momento con él.

Así era. Música y amigos.

 
A Cooper lo había visto decenas de veces con tanta ilusión como sana inconsciencia. La última vez siempre era la primera. Y lo mismo le pasaba con Sun. Y con el disco Grand Prix de The Teenage Fanclub. Siempre me acordaré de una frase que repetía como un eslogan cada vez que veía a Cooper en directo. Me la soltó, de repente, Iñigo Art al salir del tanatorio: “Otra lección magistral del mejor pop que se puede hacer en este país”. Ha sido un privilegio haberle conocido. Se ha ido una persona que hacía un poco mejor nuestro pequeño mundo de discos, ropa bonita y conciertos. La lección nos la ha dado él.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

8 Comentarios
  • Borja
    Publicado a las 13:55h, 16 julio Responder

    Me has hecho llorar… Iñigo era muy muy grande. Siempre le tendré presente.

    • Jon Pagola
      Publicado a las 14:06h, 22 julio Responder

      Era un tipo estupendo, esa es la verdad. Qué pena.

  • Emilio Miguel
    Publicado a las 17:48h, 16 julio Responder

    Muy buen epitafio. Lo echaré siempre de menos en los Purples, Mojos, y Ebroclubs a los que acuda.

    • Jon Pagola
      Publicado a las 14:07h, 22 julio Responder

      Gracias. Yo igual. Y se le echará de menos en el Eiger, su bar favorito.

  • detritus
    Publicado a las 23:47h, 16 julio Responder

    a tope, qué ricura de tio

    • Jon Pagola
      Publicado a las 14:08h, 22 julio Responder

      Sí que era un ricura, Detritus. Una lástima.

  • Xabier 359
    Publicado a las 07:51h, 17 julio Responder

    Preciosa reseña. Emociona.
    Un tío que adora escuchar a Cooper, Javier Sun y el Grand Prix de TF rebosa gusto y sensibilidad.

    • Jon Pagola
      Publicado a las 14:08h, 22 julio Responder

      Gracias. Y sí, así es. Era un chico con gusto y sensibilidad. Una persona muy cariñosa.

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