¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL DABADABA?

La oferta musical pierde punch. La sala Dabadaba se está quedando sola en su apuesta por una programación valiente y de calidad. Fotos: Dabadaba/Mystery Lights

 

Si hiciese un listado con los próximos 10 conciertos recomendados para los próximos 30 días, como el psiquiatra que te receta pócimas mágicas para hacer de tu vida un lugar menos hostil, quedaría más o menos así: Hidrogenesse, Cala Vento, Sean Nicholas Savage, The Mystery Lights, The Roves, Khana Bierbood, Jonathan Wilson, Les Grys Grys, Curtis Hurding y  Eilen Jewell. No está nada mal para una ciudad de provincias de 200.000 habitantes. Con todos ellos se podría armar un pequeño gran festival y ser la envidia de Pitchforck y Mojo juntos. Como ya es habitual, casi todos (8 de 10) se celebran en la sala Dabadaba. Solo los de Hurding y Jewell tienen lugar en el teatro Victoria Eugenia y la casa de cultura de Intxaurrondo, respectivamente.

No es ningún secreto que en el Dabadaba poseen un ojo clínico para captar el talento ajeno. La estrategia es muy similar a la que en su día convirtió a la promotora Ayo Silver! -su precedente y embrión, al fin y al cabo- en los head hunter musicales más avispados de la Península: a) Exprimir un presente excitante donde pasan muchas cosas en muchos lugares del planeta. b) Dar salida a grupos desconocidos que en algunos de los casos acabarán convertidos en fulgurantes estrellas. Raro es el prometedor grupo que se les escapa de las manos.

Pinchan con más frecuencia de lo que exigiría un gestor cabrón y eficiente como El Cardenal de David Jiménez en su libro El Director. Pero en su frenética liga asumen con naturalidad las victorias como las derrotas. Buscan crear tendencia, y han consolidado su marca como epicentro de lo cool. En el fondo, su funcionamiento se parece al de los periodistas que basan su éxito en sacar exclusivas que les convierten en la envidia del gremio.

Y, cuando echan cuentas, los números cuadran. Su actividad, ya se sabe, se ha bifurcado. El Dabadaba hace tiempo que no se sustenta solo en las entradas (baratas) que vende y en las bebidas (caras) que se consumen en su interior, sino que mantiene actividades paralelas con éxito (Dabadaba Beach, Alabortza, quiosco de helados) y su marca se expande con festivales identitarios (Glad is the day, Irun Zuzenean). Una queja habitual: cuando un concierto cae en fin de semana no pasan ni cuatro o cinco canciones afines al grupo hasta que se reconvierte en un club de electrónica-música urbana. El shock es notable.

Hace poco me hicieron una entrevista para el periódico Gaztezulo en la que alertaba de que corremos el riesgo de que todos acabemos dabadizados, como ufólogos abducidos por extraterrestres. Para algunos de nosotros ir a ver un concierto fuera del Dababada ya casi se convierte en un viaje exótico.

-Voy a ver a Robyn Hitchcok

-Ah, pues cuando salgas del Daba, avisa.

-No, no, es en Andoain.

-(sudores fríos, silencio incómodo) ¿¡ANDOAIN!?

Que no es por vicio, es que no nos están dejando otra opción. La calidad de la oferta musical ha menguado en los últimos tiempos, desde el circuito municipal Dkluba hasta las salas privadas, pasando por los auditorios y teatros de la ciudad. Como siempre, hay honrosas excepciones. Pero si mañana un meteorito se estrellase contra el rinconcito de la calle Mundaiz, Donostia se parecería un poco al desierto de Atacama de la música. Tiene su lado positivo: viajaríamos más a ciudades como Pamplona, que dejaría de ser un destino exótico.

Jon Pagola
jonpagolaperiodista@hotmail.com

Periodista, creo que cultural y musical. Y de lo que surja.

2 Comentarios
  • Iñaki Unzueta
    Publicado a las 00:00h, 20 octubre Responder

    Me gusta y comparto tú modo de pensar.Gran esfuerzo el del Equipo del DABADABA.

    • Jon Pagola
      Publicado a las 09:44h, 20 octubre Responder

      🙂

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