por Alberto Rincón García
Foto: Alberto Rincón
08 Jun.18

De excursión a la feria de la cerveza alemana del “Berg”

Podemos decir que los 40 sean los nuevos 30, pero no nos engañemos, los años caen aunque uno todavía se crea joven y lozano. La realidad te empieza a golpear en forma de chaval que te llama “señor” cuando te pide que le devuelvas la pelota. Y tú, que eres un tanto iluso, te giras buscando a tu espalda a ese señor, hasta que te das cuenta de que es a ti a quien llama. Así que, llegados a este punto o te compras un deportivo o si te pilla con la cuenta en crisis pues te apuntas al gimnasio (y siendo sincero contigo mismo, sabes que esa será la primera y ultima vez que lo pises).

Y en este impás de desazón por la juventud perdida surgen las grandes ideas, que en este caso implican a tu cuadrilla de amigos (y por ende obtener el permiso de sus mujeres, hijos y padres). Porque de las mentes inestables surgen los mejores planes y así es como se fraguó la vuelta a Alemania, a la feria de la cerveza del Berg, para revivir lo ya vivido 12 años atrás, cuando éramos unos locuelos veinteañeros.

Las “cañitas” del Berg, de litro claro. Foto: Alberto Rincón

Y así aterrizamos el 23 de mayo en Erlangen, un pueblecito tranquilo cerca de Nuremberg, que despierta cada año para celebrar el “Berg”, una feria de la cerveza que nada tiene que ver con las que tenemos aquí organizadas por clubes deportivo de futbito de tu barrio, para sacar pasta para comprar 3 balones nuevos. Y con el encanto de tener el tamaño justo y el buen ambiente que no hay en la archiconocida Oktoberfest.

Entrada al Berg. Foto: Alberto Rincón

Para llegar al Berg (montaña en alemán) atraviesas el pueblo hasta llegar a la ladera y según empiezas a ascender ya ves los primeros puestos de comida que tienes a lo largo de todo el camino. Aquí si quieres tienes zonas más tranquilas en la que hay ferias, para un ambiente más familiar, o en nuestro caso giramos directamente al otro lado hacia las “Keller”; las bodegas de cerveza excavadas en la roca de este pueblo desde el siglo XV, donde se almacena el nectar que sirven a los sedientos visitantes.

Y es que el Berg tiene una historia de más de 250 años, que empezó cuando las cerveceras daban servicio a los visitantes y habitantes de Erlangen que venían a la caza de aves y a comprar en el mercado durante la festividad de Pentecostés. Y así se fue imprimiendo esta tradición que llega hasta nuestros días con una feria que dura nada más y nada menos que 12 jornadas .

Asi es el ambiente de la keller antes de que empiece el grupo a tocar. Foto: Alberto Rincón

Dieciséis son las bodegas en las que puedes degustar la Kellerbierg (cerveza de sótano) de graduación variable y con poco filtro. Suave en el caso de la “Entla´s Keller” que fue nuestra elegida este año y hace 12 en nuestra anterior incursión. Como curiosidad contar que los túneles se construyeron para almacenar la cerveza fresca, refrigerada con hielo, cuando no había otros medios, y que pueden llegar a medir 100 m. La cervecería familiar más antigua es la Kitzmann que existe desde 1712.

Entradas a las cuevas de las keller donde te sirven la cerveza. Foto: Alberto Rincón

Una vez desactivado el modo wikipedia os cuento a que a nivel práctico para nosotros el plan del Berg consiste en llegar a media mañana para coger sitio en una de las decenas de mesas que hay en la keller y pasar allí todo el día. Y no se hace largo, porque nada más sentarte pides tu primera cerveza, de litro por supuesto, la cual te cobran junto con el contenido (5€ la jarra más 9,5€ la cerveza, pudiendo devolver la jarra al final del día y recuperar los 5€).

Allí hay múltiples camareros y no tienes que esperar mucho si quieres recargar, momento en el cual te traen jarras nuevas y se llevan las vacías. Y así empezamos el jueves, con muchas ganas y frescos como una lechuga, con la cerveza deslizándose por los gaznates cuales marineros recién desembarcados. Pero claro llega la hora de la comida y tenemos varias opciones en los puestos de alrededor. Por ejemplo, bocadillos de parte de una vaca entera que ves dando vueltas en un horno para pollos de Bilbao, tenemos salmones ahumándose al fuego, los tradicionales pretzel que están deliciosos rellenos de mantequilla y cebollino, curry-salchichas con patatas y salsa o tablas con codillos patatas y otras lindezas. Nada muy elaborado ni falta que le hace, porque la protagonista en esta ocasión no es la comida.

Puedes comerte un bocata de esta vaquita dando vueltas. Foto: Alberto Rincón

Una vez satisfechos seguimos con nuestras jarras entre historietas, chascarrillos y llega la mejor hora del día. A las 5 de la tarde el grupo de rock de todos los años hace su aparición y eleva el espíritu y literalmente el cuerpo, porque acabamos subidos a las mesas bailoteando y cantando los coros de sus versiones. A nuestro alrededor los germanos y germanas con sus atuendos tradicionales no se andan a la zaga y eso acaba siendo el mismo batiburrillo genial que recordábamos de 12 años atrás.

Pero esto no deja de ser Alemania y a las 11 de la noche, el Berg se cierra y todos vamos desfilando. Los que estamos con ganas de más nos metemos un kebab (que nada tiene que ver con la masa grasienta condimentada de los de aquí) y seguimos por los bares locales hasta que a las dos y pico, después de 15 horas de juerga nos retiramos a la casa que hemos alquilado.

Los kebab aquí tienen mejor pinta, ¿verdad?. Foto: Alberto Rincón

Primer día superado y el viernes decidimos hacer turismo por Nuremberg y recuperar fuerzas. Allí visitamos la cervecería “Barfusser” donde esta vez nos dimos a la comida típica de Alemania con una bandeja descomunal de salchichas, codillo, chicharrón, patatas de varias formas y una salsa de carne para acompañar. Delicioso, pero no podemos acabárnoslo y pedimos que nos pongan las sobras para llevar.

Bandeja del “Barfusser” con codillo salchichas, patata y más. Foto: Alberto Rincón

 

El “Barfusser” desde el fondo. Foto: Alberto Rincón

 

No nos olvidemos de Nuremberg y sus puentes al atardecer. Foto: Alberto Rincón

El sábado volvemos a la carga al Berg pero esta vez es fin de semana y la Keller se llena desde por la mañana, por lo que a las 11 ya estamos allí cogiendo sitio. Sin aburriros más, el ritual no difiere del del primer día, aunque ya estamos más cansados y nuestros huesos acaban antes en casa.

El domingo reina el desánimo habitual por tener que volver a casa, y es que la escapada nos ha sabido a poco y la rutina acecha a la vuelta de la esquina, ¡pero que nos quiten lo bailado y lo bebido!. Prost! (como brindan los alemanes en el Berg)

Por lo menos la vuelta nos deja una bella estampa. Foto: Alberto Rincón

FERIA DE LA CERVEZA DEL BERG:
-¿Pero dónde está?: Erlangen (Alemania)
-¿Cuándo es?: 17 de mayo a 28 de mayo
-¿Y la web es?: berch.info

Alberto Rincón García
Desarrollador web de profesión en argmedia.com, bloguero de wikicocina.com y además amante de la gastronomía. Todavía no tengo claro qué quiero ser de mayor.
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