por Alberto Rincón García
Foto: Alberto Rincón
15 Mar.18

Conquista peruana en la Zurriola: Sanguchería Ekeko

Hace ya más de una década que tuve la suerte de probar mi primer ceviche, servido por la mano peruana del que ahora es un buen amigo mío. Mano inexperta en aquellos momentos, a la que el giro de muñeca le debió de traicionar, porque tenía cantidades de sal incompatibles con la vida, como diría un forense. Me lo comí con una sonrisa fingida y no causó más efecto que ése.

Con los años, la práctica y un mayor control sobre las cantidades de sal y el resto de ingredientes, mi amigo se fue convirtiendo en un buen cocinillas. Cuando nos volvimos a encontrar sobre la mesa mi paladar y sus platos peruanos tuvieron un flechazo de los de película de Tom Hanks y Meg Ryan (o Emma Stone y Ryan Gosling si eres milenial). Eso se tradujo en varios libros de cocina peruana en mis estanterías, en un altar a Gastón Acurio en mi corazoncito y en un viaje inolvidable a Perú en que alternaba comidas inolvidables y paseos por lugares fantásticos. ¡Viva Perú!

Sánguche de butiffara barranquina. Foto: Alberto Rincón

La comida peruana es increíblemente variada y no es de extrañar, ya que tiene ingredientes de sus costas, la selva o de las alturas de su sierra andina. Tenemos la comida precolombina, selvática, andina, la más colonial influenciada por la España morisca, la africana que llevaron los esclavos o más actualmente las de las migraciones de italianos, chinos y japoneses.

Haciendo honor a los platos caseros de las calles de Perú, pero con la sofisticación de cierta fusión con la nueva cocina vasca, está la Sanguchería Ekeko situada en el barrio de Gros, dentro de la panadería The Loaf. Un experimento exitoso, producto de la unión del mediático promotor Xabier de la Maza con los cocineros-panaderos peruanos Renato Peralta y Chesko Salas.

Como la sanguchería tiene dos turnos de comida elegimos el segundo, pero he de decir que como amante de la buena sobremesa no va conmigo eso de comer sabiendo que tengo un tiempo limitado. Pero entiendo que rentabilizar un espacio con tan pocas mesas a esos precios quizás lo requiera.

Para empezar pedimos unas “croquetas Ekeko”, que son algo así como un “ají de gallina” tradicional pero implosionado. Es decir, pollo deshilachado rodeado por una salsa de sus caldos con ají y otras cosas, rebozado en panko, que lo sujeta en forma de croqueta y con salsa de Kalamata por encima. El resultado es espectacular, ya que el interior es muy fluido y combina perfectamente con las texturas del pollo y el rebozado.

Croquetas Ekeko. Foto: Alberto Rincón

Un punto para mejorar es que los platos tardaron bastante en empezar a salir. Como hay dos turnos de comida, pero la cocina cierra a su hora, la camarera nos preguntó a ver si queríamos algo más antes incluso de que nos sacaran nada para comer, ya que la cocina iba a cerrar.

Seguimos con más previos a los sánguches y nos pedimos unos “pycoteos andinos” y unos “anticuchos”. El primero es una cazuelita de patatas especiadas con sus pieles, yuca y camote con salsas huancaína y de rocoto. Lo que vendría a ser unas patatas bravas pero al estilo peruano y con su toque sofisticado. Resulta interesante que estos platos puedes cogerlos de ración entera o media para probar varios.

Pycoteos andinos. Foto: Alberto Rincón

Los anticuchos no son para remilgados, ya que se trata básicamente de brochetas de corazón de vaca. Pueden provocar cierto rechazo si eres de esos que no sale del filete con patatas que te cortaba tu madre en trocitos. Pero si superas esa fase y maduras, culinariamente hablando, te lo llevarás a la boca para saborear con agrado esa carne marinada y las salsitas que le ponen en Ekeko. Debajo una cama de patatas acompaña el plato perfectamente. Delicioso.

Anticuchos. Foto: Alberto Rincón

La siguiente parada fue una “ensalada de quinua” que no me logró sorprender. Aunque es difícil hacerlo con una ensalada, todo sea dicho, que la considero más acompañamiento que un plato en sí mismo, salvo que estés a régimen. Allá cada cual con sus gustos.

Ensalada de quinua. Foto: Alberto Rincón

Llegamos al plato principal y nos sacan los sánguches que habíamos pedido de “lomo saltado”, que es otro plato típico peruano que me encanta, y que contiene lomo de vaca salteado a fuego (de forma que le confiere a la carne toques ahumados), aguacate y salsa sobre una chapata de quinua. Le siguió el de “butifarra barranquina” con jamón cocido y curado con especias durante varios días, cebolla roja, zanahoria y lechugas, entre rebanadas de pan de chapata de quinua roja y sal negra. Y por último llegó el de “chanchito” en su punto, con chicharrón de cerdo bien grasiento y salsa criolla en pan de masa madre criollo.

Sánguche de chanchito. Foto: Alberto Rincón

El de chicharrón estaba espectacular y pasó a ser mi preferido, los otros dos estaban buenos pero no tanto, aunque merece la pena probar varios. Todos con salsas que acompañaban perfectamente y cebolla morada y cilantro como debe ser. Eso sí, los panes estaban buenos pero me parecieron todos demasiado parecidos. No llegué a apreciar ni la quinua ni la sal negra si es que la había.  Eran rebanadas de un pan estilo rústico que empapaba demasiado la salsa y eché en falta que cada sánguche tuviera un pan más particular, ya que Ekeko nace y reside en una panadería estupenda como es The Loaf.

De postre nos fuimos con un par de versiones de platos peruanos, unos “picarones” algo insulsos y el “dúo dinámico”, un estupendo bizcocho con un cremoso de lúcuma que iba acompañado de lascas de chocolate y cacao que lo hacían espectacular al gusto y a la mirada.

Dúo dinámico. Foto: Alberto Rincón

Resumiendo, la Sanguchería Ekeko es una apuesta novedosa por traer a Donostia la cocina callejera peruana con un toque de fusión vasca que le va perfecto. Y es cierto que tienen que pulir ciertos detalles de sala y organización, pero la valoración general es muy buena y seguro que volveré a por otro sánguche y algo más pa´ picar.

Y si quieres saborear más la comida peruana en Donostia y alrededores tienes el “Bar Nikkei” (cocina peruana de influencia japonesa), el “Punta de Sal” que comenzó siendo más tradicional para tirar por el estilo nikkei también y el “Al fondo hay sitio” de Irún, con platos típicos y que tengo pendiente visitar.

SANGUCHERÍA EKEKO:
¿Pero dónde está? Avenida de la Zurriola 18 (Barrio de Gros, Donostia)
¿Quién cocina? Renato Peralta y Chesko Salas
¿Tiene menú? No, tiene una carta informal con buenos precios y puedes comer por unos 20€
¿Y la web es?: www.facebook.com/ekekosangucheria

 

Alberto Rincón García
Desarrollador web de profesión en argmedia.com, bloguero de wikicocina.com y además amante de la gastronomía. Todavía no tengo claro qué quiero ser de mayor.
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