por Alberto Rincón García
Foto: Alberto Rincón
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13 Nov.17

Jiro Taniguchi será para la mayoría de vosotros un gran desconocido y es normal, para mí también lo sería si no fuera porque tenemos un par de cosas en común. La primera es que soy un amante de la gastronomía y del buen comer y esto se traduce en que, si quitamos los recuerdos familiares de mi tierna infancia, los mejores momentos de mi vida suelen pasar cerca de las cocinas. No penséis que es porque soy un simple tragón, no. La cosa va más allá, alrededor de esas mesas está la gente que aprecias, la charlas, las risas… También el alcohol que en ocasiones lubrica sustancialmente las veladas más insulsas y los comensales menos divertidos.

Foto: Alberto Rincón

Pero volvamos a mi amigo Jiro, que al fin y al cabo es el protagonista del día. Pues a este buen hombre no solo parecía gustarle comer como al más aplicado de los gourmets franceses, sino que además era dibujante de comics y dedicó parte de su obra a narrar con todo lujo de detalles historias en las que sus protagonistas básicamente no paraban de degustar manjares de la cocina japonesa.

Foto: Alberto Rincón

Asi que, con esta burda excusa, Komikilabea ha organizado una cena japonesa a la que ha llamado Kanpai! y a la que no podía permitirme no asistir. Para seducirme no hizo falta más que la misteriosa reseña de la organización: “cena diseñada por algunos de los cocineros de los restaurantes japoneses más emblemáticos de San Sebastián”.

Así que teníamos una hora, un lugar, “LaGastronomica” de Donostia, y una entrada para el evento. Con eso fuimos este viernes camino de la cena Kanpai! He de decir que nunca había estado en LaGastronómica, sin duda una sociedad con solera y ubicada en un sitio privilegiado, en las alturas de la Plaza de La Trinidad.

Nada más llegar, Andoni Munduate, coordinador del evento, nos recibe y nos indica que podemos irnos sentando, aunque van con algo de retraso. Asi que aprovecho para molestar un poco en la cocina e ir viendo qué se cuece.

Foto: Alberto Rincón

Veo a chefs del Basque Culinary y a Kenji Takahasi, uno de los pioneros en traer el sushi a Donostia y ahora estandarte de la comida japonesa en la ciudad, con su Kenji Sushi Bar de lo viejo.
Pasamos, ahora sí al comedor, con la sorpresa de encontrarme a algunos conocidos y es que al final entre pillos ande el juego. Pero eso no impide que con el buen ambiente acabemos conversando con los incautos que acaban sentándose a nuestro lado.

Y arrancamos motores. Primero esperamos con un “Tsukemono de pepino y wakame”, básicamente pepino encurtido. Sirve para algo así como el ir dando pellizcos al pan mientras llegan los platos fuertes, pero a la japonesa. Así que propiamente la cena empieza después con unos aperitivos: “Kinpira de zanahorias, setas y rábano dadikon” salteados, que son un acompañamiento típico en la comida japonesa. Confirma mi creencia de que lo simple puede ser delicioso, así que lo como con ganas antes de pasar al “Tonkatsu”, que es el cerdo empanado en pan rallado al estilo japonés, más tosco y crujiente. Muy bueno también, aunque la carne habría estado mejor algo más jugosa. Para terminar con los aperitivos un simple “Hiyayakko”, que consistía en un dado de tofu frío con algo de Katsuobushi (virutas de bonito seco) y soja.

Kinpira + Tonkastu + Hiyayakko. Foto: Alberto Rincón

El primer plato se hizo esperar un poco, consistía en un “Curry-don de pollo con zanahoria, cebolla y encurtido de berenjena”. Desde luego no me parece un plato muy representativo de la comida japonesa, aunque el curry que utilizan no sea tan potente como el indio. Es más picante, dulce y espeso, pero también más suave, como corresponde a paladares más refinados. El arroz estaba un poco pasado, por ponerle alguna pega, y el encurtido no pegaba ponerlo en el mismo plato, pero aun así la mezcla del curry, pollo y arroz es sabrosa y mal lo tienes que hacer para que no funcione.

Curry-don de pollo con zanahoria, cebolla y encurtido de berenjena. Foto: Alberto Rincón

Aquí paramos para limpiar el paladar con un granizado de yuzu y menta, que en mi caso tenía más granizo que yuzu, pero por lo menos en estos intermedios los responsables del evento amenizaban la cena con sus explicaciones y comentarios.

El segundo plato era un “Oshizushi” de varios pescados, en este caso cabracho, lubina y txitxarro. Aquí jugamos a adivinar de qué pescados se trataba antes de que nos lo desvelaran. El oshizushi es un formato de sushi en el que se prensa el arroz en un bloque de madera previamente. Los comensales coincidimos en que la proporción de pescado era escasa para la cantidad de arroz, más aun cuando estaba un pelín duro para mi gusto. El pescado, fresco y terso, sí estaba perfecto.

Oshizushi. Foto: Alberto Rincón

El tercer plato fue un ramen, un plato de moda hasta en el ambiente donostiarra, donde ya conozco varios sitios que lo sirven. Hay que tener en cuenta que un ramen típico es casi un plato único. Y es que el origen del ramen que conocemos hoy en día se dio en Japón en la época de la postguerra, donde la pobreza y el hambre causaban estragos y un buen tazón de caldo con fideos era lo máximo que se podían llevar muchos a la boca.

Pero en esta ocasión no podía ser un plato único, aunque se quedó un poco deslavado sin un buen trozo de carne cerdo por encima y sin más cantidad de fideos, que podrían haber sido de mejor calidad. Aun así, el caldo era sabroso y estaba en su punto, lo que hacía que el conjunto se salvara con buena nota.

Ramen. Foto: Alberto Rincón

Para terminar un postre de frutas, gelatina y la típica pasta de alubia, que personalmente detesto, sobre todo en los postres, por mucho que la escondan en los mochis o los dorayakis.

Y con esto y un bizcocho hasta el próximo post, en el que espero haceros salivar con más manjares. Kanpai!