1. La pareja: “¿Nos incribimos o no?”

Sucedió que estaba en Barcelona terminando de comer en un restaurante muy a la última y como quién no quiere la cosa o sí, precisamente, uno de mis amigos soltó de pronto: “Anna y yo nos hemos hecho pareja de hecho”. Un ligero rubor tiñó de golpe los mofletes de Anna, que recuperó rápido la compostura y añadió: “Sí, como no tenemos hijos …pues es una manera de celebrar que estamos juntos” Todo el mundo en la mesa levantó la copa, entonó un brindis y con ese gesto se silenciaron lo que parecían una tonelada y media de dudas.

Al rato Marta se me acercó y me preguntó: “Oye Gabi, ¿y nosotros?, ¿No somos pareja de hecho?”. Se refería a ella y a su pareja, Pedro, con quien tiene un hijo de siete años que danzaba por allí con otros niños. Como muchas parejas, aunque llevan “toda la vida” juntos, nunca han sentido la necesidad de casarse.

-Estos hechos que podrían ser inventados, son reales y con mucha diferencia es la gran pregunta que nos hacen a los abogados de familia en cualquier reunión de este tipo-. En resumidas cuentas, ¿qué es eso de la “pareja de hecho?

La pareja de hecho son dos personas que viven en una relación análoga a la matrimonial. Esto parece algo evidente, pero las Notarías están llenas de parejas de hecho que intentan inscribirse como tal con otros fines, no entraré en detalles, pero dos personas con una diferencia notable de edad aunque compartan la misma casa no son pareja de hecho, tampoco lo son los compañeros de piso, pero sí pueden serlo, faltaría más, dos personas del mismo sexo.

La pregunta de Marta se centró en Bruno, su hijo, y me comentó: “Pero entonces Pedro y yo ya lo somos por el hecho de tener un hijo”. Sí que lo son, y de hecho en caso de que rompan un día, el destino no lo quiera, las medidas que dictará el juez o las que tendrán que acordar de mutuo acuerdo serán las mismas que si estuvieran casados (tipo de guarda y custodia de Bruno, régimen de visitas si no es compartida y pensión de alimentos o contribución de ambos a los gastos del menor).

“Bueno, si total es lo mismo que casarse, prosiguió Marta”. Sí, lo es en muchos aspectos pero no en uno esencial, el régimen económico matrimonial. Cuando uno convive sin casarse la ley prevé como régimen la separación de bienes, pero por defecto cuando te casas el régimen de la pareja pasa a ser el de bienes gananciales. Otro día explicaré la diferencia entre ambos que básicamente se reduce a considerar que lo adquirido por los casados es de los dos a medias y lo de los convivientes de cada uno que lo haya adquirido o ganado.

Volviendo a mi comida y a la retahíla de preguntas que se sucedían en la cabeza de Marta, me señaló con el dedo y me preguntó: “Pero, entonces, ¿nos tenemos que inscribir o no hace falta?”, pues depende – le contesté-. Por ejemplo en San Sebastián hay un Registro de parejas de hecho autonómico, que curiosamente pertenece al Departamento de empleo, y donde te puedes inscribir en cualquier caso, pero yo lo aconsejo especialmente si no hay hijos o si por motivos de índole profesional al pareja vive en ciudades diferentes. También es posible hacerlo en una Notaría que en algunas ciudades como Barcelona ofician directamente al Registro de parejas de hecho sin más trámite.

Lo importante es que uno tenga claro que si está inscrito en un Registro de parejas de hecho adquiere los mismo derechos – ojo, y obligaciones – que si estuviera casado y además podrá cobrar una pensión de viudedad o acceder a ser heredero si no hay testamento de la pareja.  sin tener que demostrar la convivencia a nadie.

Marta se quedó pensativa y así, a bote pront,o no se le ocurrieron más preguntas. Bueno, sí, una última: “Entonces… tú, Gabi, ¿te vas a inscribir?, sonreí y no contesté. Qué cotilla es la gente a la mínima que puede, pensé…

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